Nací con cinco kilos cuatrocientos gramos. Ni más ni menos. Lo necesario para partir en dos a mamá.
Vi la luz en una clínica recién pintada y ninguna preparación para recibir a la mega bebé ni atender a las mitades maternas. Será por eso que mamá valía por dos.
Todos miraban cómo se hundía el colchón sobre el que me apoyaban y cómo se tensaban los músculos de los brazos que me alzaban. No sabían muy bien qué hacer conmigo. Si usarme como mancuerna o dejarme en la cuna hasta que saliera por mis propios medios.
Iba de brazo en brazo como una super papa caliente. Hasta que se cansaron. Mi soledad de tubérculo neonatal me llevó a ser la más reflexiva de los bebés de la época.
Y decidí no crecer.
Aquellos cinco kilos cuatrocientos gramos fueron mi primer exceso. Y son los mismos cinco kilos cuatrocientos gramos que siempre tengo que bajar pero se resisten a hacerlo. No es que los tenga de más. Es que no saben adónde ir.
Quizás se deba a que soy una inmadura, a que no quiero ser sólo una papa caliente (*), a que no me hago cargo de mis impuestos ni voy a todas las reuniones del centro vecinal. O simplemente, a que ese niño que todos llevamos dentro yo lo llevo también por fuera. Y es niña.
Debería pensar en eso cada vez que hago ejercicios. Una bebé se puede ir por mi transpiración y diluir a la que he sido.
-hey! me escuchás?
- emmm sí?
-te decia si ya no usás la bici
-no, tomá, matate vos!
Y nunca más volví al gimnasio. (*)
(*) NOTA DE LA ABUELA
Entonces, nena, sos papa.

Mi nombre es Marta Drooker. Y nunca miro de frente. Lo mejor pasa por los costados y no quiero perdérmelo. Durante buena parte de mi vida sólo comí papas fritas y helado y no me morí. Escucho voces y veo cosas extrañas. Salvo cuando estoy sola. Nunca me despierto a la misma hora ni en el mismo día. Y trato, en lo posible, de no decir la verdad. Este planeta me cansa por lo que trato de dormir en todo momento. Tengo problemas con los humanos. Ninguno con las vacas. Por eso no me las como. Y, si bien, adoro a mi abuela, a veces la mataría. Tengo un blog para acordarme de que todavía sigo aquí. Aunque no parezca.








Escribe un comentario