En mi barrio vivían muchos árabes seguramente atraídos por la elección del rey del garbanzo que se hacía todas las navidades. No elegían reina por falta de candidatas. El primer premio era un afiche a escala humana de Norma y Mimí Pons. (*)

Todo el mundo sabe que en vez de sangre los árabes tienen aceite de oliva en sus venas. Lo cual explica lo que le pasó a mi amiga del alma.

Por aquella época , el papá de María comenzó a vender aceite de oliva. Con María escuchamos que el aceite de oliva prevenía la celulitis. Por lo que todas las noches nos envolvíamos en bolsas de supermercado que mamá guardaba como códices, previamente rociadas con el aceite.

María a los 12 años ya era la reina de la murga no sólo por lo bien que bailaba sino por todo el tembladeral de su cuerpo. Eso unido al aceite de oliva que emanaba, hizo colapsar al mundo árabe. Yo no tuve ese problema porque mientras María bailaba sobre un mar de tetosterona, la negra y yo andábamos en triciclo tratando de mantenernos a flote.

Los árabes nos olían como si fuésemos aceitunitas de una picada rancia. En cambio, María era el olivar sobre el que querían cosechar. No le pasaron la lengua ni la mordieron hasta el carozo porque el papá de María rompió una situación inquietante a fuerza de hojas de parra. El mayor proveedor de las hojas de parra para niños envueltos en todo lo ancho del barrio y aledaños tambien era él.

Y el mundo árabe optó por los niños y se olvidó de la niña. Eso sí. La niña odalisca volvió al triciclo hasta su mayoría de edad. Y mi mamá tiró las bolsas del super a la mierda.

(*) NOTA DE LA ABUELA

No, no, no, querida nieta desmemoriada. Era un afiche con Ambar La Fox y Nélida Lobato. Me acuerdo perfectamente porque le ofrecí una fortuna al rey del garbanzo para que me lo vendiera. Divinas!!!!