María se bañaba en jugo de limones. Innumerables limones que crecían sin control de la natalidad en el fondo de su casa. Y aunque nunca le pasé la lengua a mi amiga del alma, ganas no me faltaban. Perrita de Pavlov.

La Negra se bañaba en jugo de remolachas porque en su casa usaban las esponjas sintéticas de Taiwan que vendía la mamá y que te sacaba virutas en la piel.

Yo no me bañaba. No me gustaba que quisieran chuparme y mucho menos despellejarme.

-¡Roñosa!

Mamá intentaba persuadirme cada vez que pasaba cerca suyo dejando mi estela de hormigón armado. Pero no había caso. Le tenía pánico a la ducha. Eso de salir con el aroma y el color de la casa de una no me gustaba nada.

Papá era tendero. Mamá, la mujer orquesta del tendero. En casa había mucho olor a casimires, astracán (*), mantas, sábanas, camisas Lavilisto, y mucha tijera afilada dando vueltas. Siempre tuve la idea de que si me secaba con las toallas familiares me quedaría ese olor a tela con naftalina y que alguna tijera perdida se me clavaría en la femoral. Y así morir joven, sola y desangrada en el baño. Para mí, la higiene tenía un precio muy alto.

-¡Roñosa! O te bañas y seguimos con nuestra vida normal como si nada o te tiro el televisor por la cabeza y seguimos con nuestra vida normal como si nada.

Mujer jodida. Mis decisiones no afectaban un ápice el desarrollo de la vida familiar pero mamá te hacía sentir que entre dos opciones, siempre había una sola. Bañarse. Como si nada.

¿Qué fue de aquella bella joven que me cantaba el arrorró con su voz de Virginia Luque y me cambiaba los pañales con sus manos de Rommy Schneider? ¿Qué le hizo esta bruja? ¿La bañó tanto que se hizo transparente y desapareció?

Y aquí estoy. Con diez años y una extraña que me baña como haciendo una autopsia.

-Ahora, sí.! Esta es mi nena querida! ¡Veni que te abrazo y te como a besos!

Y así aprendí que un baño hace la diferencia entre las manos de una médica forense y las de Romy Schneider.

 

(*) NOTA DE LA ABUELA

Ay, no te habrá quedado algún retazo de astracán. es que desde que se me murió Gutierrez, mi gatito adorado, lo que más me lo recuerda es el astracán. Vamos, busque pa la abuela!