Siesta barrial. Gallinero. Amigas. Confesiones adolescentes. Intriga. Drama. Pasión. Pelotudeces.

-Bueno, Marti, yo estoy con Carol y Mary se está por casar. ¿Y vos, qué?

-¿Yo qué, qué?

El qué de mi vida estaba cercado por dos amigas con sus qué bien puestos. El mío o no era de mi talle o yo no le gustaba como respuesta. Por aquella época lo único que tenía decidido era volar a Saturno con la tele a cuestas. Tenía un dónde pero nadie me preguntaba por él. Un dónde al reverendo pedo.

-¿Quién te va a limpiar las miguitas del alfajor de maicena pegoteadas por toda la cara…?

-Tiene razón la negra. ¿Y con el corpiño, eh?. ¿Quién te va a avisar cuando tengas el bretel por el codo y…. (*)

-Chiquitaaaasss…. Vengan a tomar la lecheeeeeee… pero yaaaaa que me tengo que ir a la peluquería… ¿Y a vos, qué te pasa? ¿Por qué tenés esa cara?. Nooo, si es lo que yo digo, algo tiene mal esta chica…. Nunca se va a casar así…. y le va a quedar de clavo a la madre para toda la vida!!

Mamá insistía en hablarme como si no estuviese, porque la hija que ella quería que fuese no era. Por lo tanto no estaba. Y hablaba a mis espaldas teniéndome en frente.

El qué de mamá seguramente fue casarse, tener hijas, prepararles la leche, darles brócoli a quemarropa. Y aquí está este qué, esta madre, esta familia, esta hija. Este esplendor en el brócoli.

Mis dos amigas me miraron, las miré y seguimos como si nada montando en pelo un mundo no diseñado para respondernos.

Desde entonces, no comí más alfajores de maicena y uso sólo corpiños sin breteles.

(*) NOTA DE LA ABUELA

Esta nieta mía me hace acordar de cada cosa…! Una vez en el super, sentí que se me desprendía una parte de mí, del lado izquierdo. El desbalanceo era bastante evidente. Una repositora me corrió por las góndolas con algo en la mano al grito de “doña elenitaaaa, mire, se le cayó un bretel!!”. Ja, y ni te cuento la teta...!