-Corazóoooon…
Cuando mamá me llamaba de esa manera es porque venía por el resto de mis vísceras.
-Qué, má… decía yo abrazando a mi aterrorizado páncreas.
-Me parece a mí o te comiste el arroz inflado de tu hermanita?
Las opciones de mamá eran falsas. Si le decía que sólo le parecía a ella semejante cosa provocaba el mismo efecto que asegurarle que lo había comido. Efecto aniquilación.
Y yo aún tenía tanto por delante. Repetir primer año, ver el último capítulo de La caldera del diablo, escupir a la nieta de la vieja medina, tomar detergente y sobrevivir, tomar ceras jhonson y seguir sobreviviendo pero con el estómago brillante (*). Tanto por mentir aún y tanto brócoli por vomitar …
Adónde van las mentiras no dichas, adonde los brócolis no vomitados… adónde el detergente no bebido… eh?
-Almita…
Almita!???!!!!…. Ah, pero esta mujer venía por todo.
-No me contestaste, mi vida.
Mi vida?!?!?!. Estaba claro. Era la mismísima condesa sangrienta quien me había dado la teta. Y lo que es peor, yo la había aceptado. Quizás por el hambre. Tal vez por comodidad. O por esa tendencia a tomar malas decisiones que tenía de bebé. Mi vida era suya. Mi sangre. Mi alma. Mi tiroides.
-Qué me preguntaste, má?
-Pero vos sos pelotuda? ME ESCUCHASTE MUUUUUY BIEEEENNNNN, LA QUE TE TIRO DE LAS PATAS…. DONDE ESTA EL ARROZ DE TU HERMANITA, MIERDA , DONDEEEEEEE?!?!?!?!?!?
En el estómago, má. En el mío. Pero como todo lo mío es tuyo, tené cuidado porque me comí toda la bolsa. Y encima estuve encerando.
(*) NOTA DE LA ABUELA
Con razón les duraba tan poco la cera en esa casa!!

Mi nombre es Marta Drooker. Y nunca miro de frente. Lo mejor pasa por los costados y no quiero perdérmelo. Durante buena parte de mi vida sólo comí papas fritas y helado y no me morí. Escucho voces y veo cosas extrañas. Salvo cuando estoy sola. Nunca me despierto a la misma hora ni en el mismo día. Y trato, en lo posible, de no decir la verdad. Este planeta me cansa por lo que trato de dormir en todo momento. Tengo problemas con los humanos. Ninguno con las vacas. Por eso no me las como. Y, si bien, adoro a mi abuela, a veces la mataría. Tengo un blog para acordarme de que todavía sigo aquí. Aunque no parezca.








diariodeunamitomana
15 sep 2011 | 08:38 PM
no es un superavit de ego ni una megalomia sin igual. No es vanidad ni autobombo. Me dejo este comentario porque algunos amigos me dicen que no se suben sus comentarios a este post. Como algunos de ellos son tan mentirosos como yo y por eso los quiero, quise probar por mi misma. si este comentario sale, corroboraré 3 cosas. La primera que el problema se resolvió. La segunda que no se resolvió porque nunca existió. La tercera que mis amigos son recontra mentirosos. Cómo los quiero, cómo!