Fue en otoño cuando mamá decidió separarme de los árboles.
Cada vez que estaba muy contenta o muy despeinada o mi familia me abrumaba me aferraba al árbol que estuviera más cerca, segura de que no me dejaría caer.
En más de una ocasión, los vecinos avisaron a mamá de que yo estaba prendida al eucalipto de la plaza desde hacía horas, mientras los niños se hamacaban sin saber si iban o venían.
-Mire, sra Drooker, ahí la tiene a su chica. Estaba por probar con la hidrolavadora a ver si la podiamos despegar del árbol.
-Pero será posible, por dios, otra vez, OTRA VEEEEZ?!?!?!?! Pero vos no vas a parar hasta verme seca en el suelo?!?!?!?! Dejá a ese árbol tranquilo de una buena vez. Déjalo, te digoooo!!...Y usted don Medina, qué se cree¡? que mi hija es un clavel del aire, hombre….
Mamá me salvó que la hidrolavadora me despellejara aunque el resultado no fue muy diferente. Sus gritos de ocasión estallaban en mi cuerpo como agua hirviendo y solté al árbol ante de ampollarme.
-Esta nunca va a salir a flote, me decía a mí pero como si yo no estuviera en mí. O le hablar[ia a mi otro yo, que se ve que sabía hacer la plancha? O quizás a su otro yo, con el que era tan compinche. Y los cuatro llegamos a casa en donde nos esperaban papá y mis dos hermanas cada uno con sus alter ego. Eramos diez egos en una casa preparada para cinco. Por eso me abrazaba a los arboles, tan uno en sí mismos.
Luego aprendí a usar la noche. Cierta vez estaba en mi cama, muy desolada, pensando en la pampa argentina y esas cosas que una piensa a los ocho años. Me levanté en medio de la penumbra y de las ausencias y fui en busca de la higuera de nuestro jardín. Venosa como una abuela, dejó que la abrazara toda la noche y dormí placenteramente hasta que el sol y la silueta de mi madre proyectaron en mi rostro una funesta sombra china.
Fue la última vez que vi la higuera. Sólo yo advertí toda la sangre que inundaba un jardín tan lleno de arrebatos.
Al mandar a cortar la higuera, mamá clarificó nuestra relación, en la que jamás hubo zonas grises ni árboles. Y me dejó una nota escrita sobre la almohada como una especie de letra chica del contrato familiar.
“Si abrazás otro árbol, te estampo la cabeza contra el tapial.”
Fue tranquilizador saber que no iba a podarme.
Por el bien de los árboles del mundo, decidí alejarme de ellos y buscar en el agua lo que en la tierra se me negaba. En la bañera, reforcé mis ejercicios de inmersión en agua fría. Y cada vez que las emociones me nublaban y mi pelo se arrebataba me sumergía diluyendo toda historia familiar.
En las cañerías de aquella casa se fue buena parte de mi infelicidad (*). Y aunque nunca salí a flote, le perdí todo miedo al agua.
(*) Ah, jajaja! Qué plato, nieta querida ! Mirá lo que son las cosas. Yo pensé que era mi culpa que se taponara el baño entonces. Tu madre había hecho un matambrito mechado asqueroso y yo lo tiré por el inodoro. y como me sirvió tres veces, tres veces lo hice. Y resulta que fue tu infelicidad. Qué evacuación, nieta querida, qué evacuación!

Mi nombre es Marta Drooker. Y nunca miro de frente. Lo mejor pasa por los costados y no quiero perdérmelo. Durante buena parte de mi vida sólo comí papas fritas y helado y no me morí. Escucho voces y veo cosas extrañas. Salvo cuando estoy sola. Nunca me despierto a la misma hora ni en el mismo día. Y trato, en lo posible, de no decir la verdad. Este planeta me cansa por lo que trato de dormir en todo momento. Tengo problemas con los humanos. Ninguno con las vacas. Por eso no me las como. Y, si bien, adoro a mi abuela, a veces la mataría. Tengo un blog para acordarme de que todavía sigo aquí. Aunque no parezca.








Vade
28 ago 2011 | 10:52 PM
Decir que no he esperado tu vuelta con ansias sería mentir...seguirte entre los árboles de la infancia evoca también los míos, aunque he de reconocer que lo mío era más bien una relación eco-sado-masoquista: yo me empecinaba en escalarlos y ellos en mandarme de vuelta al suelo una y otra vez. Hoy no tengo jardín, sólo macetas...
diariodeunamitomana
28 ago 2011 | 11:02 PM
Decir que no he esperado tu comentario con ansia sería mentir. Todo es según como lo mires. Fijate que en mi caso no tengo macetas, sólo jardín... Deberíamos ser vecinas, Vade, siempre lo dije
Vade
28 ago 2011 | 11:16 PM
¿Si fuéramos vecinas la empresa de fontanería de la abue me haría descuento?
abuela elenita
28 ago 2011 | 11:33 PM
dalo por hecho. Ahora, sabrás que mi adorada nieta mitomana no puede con su genio y miente. Por eso la quiero tanto. ella no tiene un jardín. Se trata de tierra arrasada por animales de todo tipo, propios y ajenos, sin que a ella se le mueva un pelo. Ya te busco casa...!