-A mi hijo lo concebí en el Machu Pichu... por eso el niño es índigo....mire... justo ahí... en ese recodo del camino.. ¡todo fue tan vertiginoso...!

El supuesto índigo andaba tirándole piedras a todo lo que se movía y tenía el rostro típico de la gente concebida en los recodos y a las apuradas. Ni vestigios del Camino del Inca en sus facciones.

Entré a esa agencia de Guías Turísticos de Lima, Perú,  el mismo día en que arribé de la Península de Yucatán. Si bien el mundo maya me había expulsado, me dio una tarjeta de recomendación para el mundo inca. En tanto, se inauguraba un restaurante en la esquina y en el piso de arriba de la agencia se mudaba una mujer con el rostro triste y  un papagayo con moño verde manzana. El dueño de la agencia se acababa de ahogar con un "calentao"  y su secretaria le echaba aire como mariposa. Mientras todo eso sucedía, los vientos alicios soplaron y me despeinaron el flequillo hacia el suroeste. Era una buena señal.

 - Se te paró el flequillo, corazón.

La que rompió el encanto fue una turista de Capilla del Monte, Córdoba, Argentina, quien sería mi primer trabajo como guía en el Machu Pichu.

Mi memoria fotográfica recordaba las imágenes de los folletos turísticos que me regalaba mi vecina, la azafata. Con los epigrafes de las fotos y cierta oratoria, hablaba con tanta propiedad que, enseguida, tuve una fama de copetín entre turistas, hotelería limeña y agencias de viaje.

Cuando otros guías o monitores turísticos preguntaban por mis fuentes, citaba libros que jamás había leído y carreras que nunca había cursado.

Cualquiera que puede  leer entre líneas como los paranoicos o los mitómanos, se da cuenta de que un buen folleto turístico tiene a veces más rigor científico que muchos libros (1).

Por ejemplo, sobre el Camino del Inca, yo contaba con folletería de tal calidad que jamás nadie pudo darme algún dato que no supiese. Y nunca había estado allí.

Hasta aquel día. Lástima que ese encuentro entre el lugar sagrado y la idea que del mismo había en mi corazón fue empañada por un apareamiento. O por el relato de uno. Y por un índigo adulterado y recontra pelotudo.

 

NOTA DE LA ABUELA

(1) Conozco el caso de un farmacéutico que jamás fue a la universidad y que toda su lectura científica eran los prospectos de los medicamentos. Los tenía encuadernados como libros, por especialidad. No había médico que no lo consultara.