Entera. Con hueso y todo. Tipo víbora de El Principito. Hasta tengo la forma de esa persona. Pero como es muy parecida a mí, ni se nota. Sólo yo lo sé. Para los demás, soy la hija del medio de los Drooker, la que no come carne de vaca ni de pollo ni de pescado ni de hamster ni de mosquito. Ni la más mínima carnecita. Pero me he mandado un ser humano al buche. Aunque nadie lo sabe.

 - Hija, ya es hora de que bajes del auto. Son las cuatro de la madrugada.

 El ignora todo de mí. Ignora, además, todo lo que está pasando por mi aparato digestivo. Por eso aún me quiere. Porque no sabe lo que me acabo de comer.

 - Querida, fue un accidente. Estas cosas pasan... vení, vamos a dormir...

 Yo lo quiero por todo lo que no sabe. No sabe que me tomo el jarabe para la tos directamente del frasco. No sabe que pellizco a los bebés que me caen mal y que con mi perro Narciso corrimos a la nieta de la vieja Medina para aniquilarla pero se escondió detrás de la falda de su abuela. No sabe que tomo whisky importado con mis amigas desde los ocho años y que tengo un plan ajustado al detalle para exterminar a su mujer. (1)

 Ese día, a las 7 de la mañana mis hermanas y yo nos subimos al coche de papá para ir al colegio. Maldonado, mi hamster, se alineó a la rueda derecha del coche y poco de él pude reconocer en esa papilla adherida a la goodyear. No pude bajarme y creo que nunca me bajé de aquel coche.

- Mañana te compro otro...

 Ese fue el día en que me comí a papá.

 

NOTA DE LA ABUELA

(1) ¿Y QUÉ ES LO QUE FALLÓ?