Entera. Con hueso y todo. Tipo víbora de El Principito. Hasta tengo la forma de esa persona. Pero como es muy parecida a mí, ni se nota. Sólo yo lo sé. Para los demás, soy la hija del medio de los Drooker, la que no come carne de vaca ni de pollo ni de pescado ni de hamster ni de mosquito. Ni la más mínima carnecita. Pero me he mandado un ser humano al buche. Aunque nadie lo sabe.
- Hija, ya es hora de que bajes del auto. Son las cuatro de la madrugada.
El ignora todo de mí. Ignora, además, todo lo que está pasando por mi aparato digestivo. Por eso aún me quiere. Porque no sabe lo que me acabo de comer.
- Querida, fue un accidente. Estas cosas pasan... vení, vamos a dormir...
Yo lo quiero por todo lo que no sabe. No sabe que me tomo el jarabe para la tos directamente del frasco. No sabe que pellizco a los bebés que me caen mal y que con mi perro Narciso corrimos a la nieta de la vieja Medina para aniquilarla pero se escondió detrás de la falda de su abuela. No sabe que tomo whisky importado con mis amigas desde los ocho años y que tengo un plan ajustado al detalle para exterminar a su mujer. (1)
Ese día, a las 7 de la mañana mis hermanas y yo nos subimos al coche de papá para ir al colegio. Maldonado, mi hamster, se alineó a la rueda derecha del coche y poco de él pude reconocer en esa papilla adherida a la goodyear. No pude bajarme y creo que nunca me bajé de aquel coche.
- Mañana te compro otro...
Ese fue el día en que me comí a papá.
NOTA DE LA ABUELA
(1) ¿Y QUÉ ES LO QUE FALLÓ?

Mi nombre es Marta Drooker. Y nunca miro de frente. Lo mejor pasa por los costados y no quiero perdérmelo. Durante buena parte de mi vida sólo comí papas fritas y helado y no me morí. Escucho voces y veo cosas extrañas. Salvo cuando estoy sola. Nunca me despierto a la misma hora ni en el mismo día. Y trato, en lo posible, de no decir la verdad. Este planeta me cansa por lo que trato de dormir en todo momento. Tengo problemas con los humanos. Ninguno con las vacas. Por eso no me las como. Y, si bien, adoro a mi abuela, a veces la mataría. Tengo un blog para acordarme de que todavía sigo aquí. Aunque no parezca.








sansar
23 jun 2009 | 06:23 PM
Elektra glotona? :)
laurabaires
24 jun 2009 | 04:20 AM
Es por eso que muchos vivimos indigestados para siempre... por más que el psicoanalista intente tirarnos el cuerito... Comilonas perennes, que les llaman.
Lo bueno es que existan las letras como pequeños eructitos liberadores.
Excelente post!
Un abrazo
laurabaires
24 jun 2009 | 04:21 AM
Es por eso que muchos vivimos indigestados para siempre... por más que el psicoanalista intente tirarnos el cuerito...
Lo bueno es que existan las letras, esos eructitos liberadores.
Excelente post!
Un abrazo
laurabaires
24 jun 2009 | 04:24 AM
La mina editó el comentario... y le salieron los dos!!!!!! grrrrrrr
Querida, fue un accidente- me digo - estas cosas pasan... vení, vamos a dormir.
(pero ahora no puedo dormir!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!)
marta drooker
24 jun 2009 | 12:43 PM
sansar: en realidad lo guardé en mis mofletes como hacen los hamsters con las semillas.
Laura: jajajaja... a mí esos accidentes también me han pasado. No es ese el problema. Lo patético es que me salieron publicados los dos y, a diferencia tuya, uno era exactamente opuesto al otro. Un asco, la nami... besos lau!!!
marta drooker
24 jun 2009 | 12:49 PM
sansar: debería haber hecho como los hamsters con las semillas, pero no lo guardé en mis mofletes
Laura: jua jua jua.... a mí esos accidentes nunca me pasan. ese es el problema. Lo bueno es que jamás me salieron publicados los dos, por lo que no te puedo asegurar de que soy un asco. Se entiende, o ésto es muy patético?... abrazos, lau???
Vade
25 jun 2009 | 04:04 AM
Cuando era niña tenía un conejo blanco...una tarde en la que había hecho muchísimo calor me encontré a mi abuela con un palo en una mano y en la otra mi mascota agonizante boca abajo. Me quedé petrificada: estaba ante mi ídola destrozada en mil pedazos ante tan incomprensible comportamiento.
Ese fin de semana mi familia al completo decidió ir a la playa.
Recuerdo que mi madre y mi abuela subían comida al coche como una forma burguesa de abaratar costes.
Esa noche me fascinó la carne. Me dijeron que era un ave que solía vivir en la costa. Nunca los perdoné.
diariodeunamitomana
29 jun 2009 | 01:59 PM
Vade: yo tampoco los hubiera perdonado. Esos actos no prescriben. Un gran abrazo
tibia gold
20 ago 2009 | 09:47 AM
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