-¿Nos tomas una foto?
-Pse.
Mi hermana mayor y su novio tenían ya veinte álbumes de fotografías en las que sólo aparecían ellos.
De fondo, el jardín de casa, los potus del living, los calzones gigantezcos de mamá secándose al sol, la puerta despintada de la cochera, la leyenda "viva el papo" pintada en la puerta de la cochera, papá lavando el coche, mamá tendiendo la ropa, papá subiéndose al coche, mamá barriendo la vereda, papá encendiendo el coche, mamá sacando la telarañas de la galería, papá yéndose en su coche, yo saliendo del gallinero, yo entrando en el gallinero, mamá corriéndome a escobazos, yo arriba del gallinero, mamá extenuada, yo asomada por la ventana del gallinero, papá volviendo a casa, mi hermana menor comiendo arroz inflado, mi hermana menor vomitando arroz inflado, mamá limpiando el vómito, el coche de papá sin papá, papá perdido dentro de su propia casa, mamá sin tiempo que perder.
De fondo, la familia haciendo metástasis.
Sin haber salido nunca de casa, yo era la más mundana. Puse un afiche de Cancún que conseguí en una agencia de viajes, hicimos dos margaritas con jugo de pomelo y mi hermana y su novio tuvieron una foto de viaje.
Fue entonces que, por primera vez, me di cuenta del encantamiento. Esas sonrisas, ese grado de felicidad, en menos de un segundo se desintegraron. Después del clic, todo desapareció. Y las sonrisas fueron tedio. Y la felicidad, efímera. Como un fogonazo, sonrisas de magnesio. Flores de un día. Como las del mal. Pero sin spleen.
Y después del después del clic, la cruda realidad pisoteando las miguitas del sueño.
-Alguien vio unas copas de la vitrina que NO ESTAAAAAAN?!?!?!?!?!
La realidad materna. La realidad sin gratinar. Aquello de que el camino más largo comienza dando un paso no es tan cierto cuando para dar ese paso hay que superar la valla que nos dio la teta.
-Pero qué están haciendo ustedes tres.....!!!!! Estas son ideas tuyas, chinita de mierda ,camandulera!. (yo) Me vuelven a sacar una copa y les tiro la vitrina por la cabeza!... termínenla con el juego de la copa... cosa seria, che... miren que creer que los espíritus hablan por la copa.... POR MI COPA!!..... nada.... eso tienen en la cabeza....NADAAA!”.
Para ella Cancún era el más allá y el brindis de folleto, una invocación. Veía cosas que nadie más advertía. Lo que estaba claro era que todo lo que quería en esta vida estaba en esa vitrina estilo chippendale. Y estaba dispuesta a ofrendarlo si se lo profanábamos.
Hoy, que mamá ya es un río de Manrique, la vitrina sigue en la familia. Una y mil veces quisimos venderla. Una y mil veces, destinos trágicos tuvieron sus posibles compradores. A una amiga, la hermana se le enfermó de cáncer. A un anticuario, le robaron seis veces seguidas. El gerente de un banco se dedicó a la política y lo perdió todo. Y una maestra jardinera fue sorprendida sacándose fotos muy calientes con su novio en la salita de niños de tres años.
La peor historia fue la del tendero (el de mi barrio , no mi entrañable amigo de Lamira) que tuvo un brote e hizo rodar como neumáticos las ormas de queso gruyere por la calle y los vecinos se abalanzaron sobre ellos. Algunos fueron arrollados. Otros perdieron sus relojes y alguno hasta un hijo.
Con esto quedó demostrado que no sólo nos reencarnamos en seres vivos sino en cosas. Mamá está en la vitrina Chippendale (1) la que aún no hemos podido vender a pesar de nuestros esfuerzos. Y en todas sus copas. Con eso se aseguró que tuviéramos línea directa con ella, en el caso de jugar a la copa. ¡Ouija! ¡Canejo!
- NOTA DE LA ABUELA
- (1) A buena hora me entero! La vitrina chippendale la tengo yo. Ahora ya no sé si limpiarla o pelearme con ella.

Mi nombre es Marta Drooker. Y nunca miro de frente. Lo mejor pasa por los costados y no quiero perdérmelo. Durante buena parte de mi vida sólo comí papas fritas y helado y no me morí. Escucho voces y veo cosas extrañas. Salvo cuando estoy sola. Nunca me despierto a la misma hora ni en el mismo día. Y trato, en lo posible, de no decir la verdad. Este planeta me cansa por lo que trato de dormir en todo momento. Tengo problemas con los humanos. Ninguno con las vacas. Por eso no me las como. Y, si bien, adoro a mi abuela, a veces la mataría. Tengo un blog para acordarme de que todavía sigo aquí. Aunque no parezca.








Jabier
28 abr 2009 | 05:30 PM
Hola Marta
Hoy estoy de paseo por la red en busca de contadores de cuentos, letras nuevas, amigos para aprender y compartir. He venido a invitarte con especial motivo para que me acompañes esta semana que dedico a la lectura de las letras Argentinas. Espero que lo que estoy leyendo te guste tanto como a mí. Espero tu visita, tus opiniones y comentarios.
Saludos desde Mérida, Venezuela. Jabier.
Vade
1 may 2009 | 12:50 AM
Marta: ¡Has conseguido hacerme viajar hasta mi infancia menos tierna! Pasaba largas horas esperando que mi abuela se durmiera para ponerme a revisar cada uno de los escondrijos de la vitrina que aún hoy existe en el comedor de su casa.
Al igual que en la de tu madre, aquí abundan copas...aunque un tanto peculiares: están en pares, en nones y en trozos. Los trozos tienen un valor incalculable para ella, que es una extraña versión de un Diógenes posmoderno...¡ays las abuelas!
PD: No quiero pensar en lo que guardaría tu abue...¿Estará allí la génesis de los actuales sex shop querida amiga? ¿Será ese el eslabón perdido?
marta drooker
5 may 2009 | 04:47 PM
jabier: gracias. Estuve por tu blog y lo de "unánime noche" me dejó una vez más alucinada.
Vade querida: las abuelas son fetichistas. La tuya con los trozos, la mía... algún día te contaré!