En mamá, la paciencia no era un recurso renovable. Sin embargo, la despilfarramos. Y llegó un día en que el recurso se secó.

“Le viste la cara?”

“Uff... da miedo... yo me voy a la casa de la abuela...”

“Pero… no estará muerta?”

LA ABUUUU?!?!?!?!?!?!... nooooo... la abu nooo!!! buuuuuaaaa!”

“Noooo, tarada, callate, lo digo por mamá...mirala... hace cuatro horas que está así... y es raro... ella nunca duerme...”

“Msé... nunca la vi con los ojos cerrados....mejor vámonos las tres ya mismo...”.

"Sí... tengo como una risa acá... de los nervios.."

"Ju ju ju.. yo ja ja... yo... ja también"


“Buáaaaaaaa....teno medio...quedo a mi mami... one tá?”

Mi hermana menor era una polleruda que no sabía hablar. Siempre andaba detrás de mamá. Si así era a los dos años, ni queríamos imaginarnos cuando llegara a la adolescencia. Le tapamos la cara para que no viera el cuerpo. Y una cuchara con dulce de leche en la boca para que se callara.

Y nos fuimos. Con maletas y todo. Antes, cubrimos a mamá con una manta no para protejerla del frío. Treinta y dos grados a la sombra lo hacían innecesario. La cubrimos como sólo un forense lo haría.

Rodeamos al sofá con cinta ribonet amarilla. Y quedó marcada la escena del crimen.

Le dejamos a papá una carta avisándole sobre nuestro paradero y partimos con todas nuestras mascotas a la casa de la abuela.

Como la vida no me prestaba mucho la atención, yo me dedicaba a escribir poemas a la muerte y a los muertos. Y mamá tuvo su elegía.

No bien llegamos a la casa de la abuela, las huérfanas de madre se desparramaron por toda la casa.

Yo, antes de que me robaran su sombra, me refugié debajo de la higuera para inmortalizar a mamá en el cuaderno Lanceros. Mientras, mis hermanas ordenaban la vida de nuestras mascotas y desordenaban la de la abuela y Adelia.

Y pasó lo que tenía que pasar. Llega papá y detrás, el espectro. Mamá que volvía de la muerte como Elmer Van Hess a vengarse de nosotras. Cerré el cuaderno. Y esperé mi hora final. La que hasta hoy aún no ha llegado.

Que hayamos entendido que mamá era el cuerpo del delito y no que sólo había tomado calmantes habla de que siempre tuvimos la idea de que eso podía suceder.

Digo, matar a Narcisa Ibáñez Menta a disgustos fue en mi infancia un leit motiv.

Ya lo decía mamá: Cría cuervos.