(Amo a los mexicanos más que a mi propia vida. Y a los peruanos y a los bolivianos y a los venezolanos. Amo a América del Sur, a América Central, a América del Norte más allá de lo aconsejable. Este amor americano, desde la riviera maya hasta Tierra del Fuego, es un amor loco, amour fou, como el de Betty Blue, la de la película, pobrecita, la que se volvió loca y se sacó un ojo. Y todo para que su compañero escribiera un libro. Qué pena! Yo muchas veces me quisiera sacar los ojos y terminar con tanto amor. O escribir un libro. O trabajar en una película.
Desde la península de Yucatán hasta Alaska, el amor ya no es más fou y se convierte en afecto educado. Aprecio Florida, tengo cierto cariño por Nebraska, y un trato cordial con Canadá. Después, el mundo es un iglú.
Tuve el privilegio de ver una vaca argentina, recostada, contemplando el amanecer nacional. Es sabido que quien puede ver ésto es porque ya no va a bailar los sábados por la noche. Quizás no tenga nada que ver. Pero me está sucediendo en este preciso momento.)


“A comeeeeeeeeeeer….!!!!!!!!”

(Tener un monólogo interior en mi casa era toda una épica. Alimentarse el espíritu a solas no estaba bien visto. Sobre todo, cuando mamá quería llenarnos el espíritu de sopa. O de brócoli. Puaj.
Mamá me daba cuerda por la mañana y yo quedaba dando vueltas como un trompo por la vida. Cuando una es pequeña tiene su gracia. De adolescente, es patético. Yo escribo como si esto me hubiera pasado hace tiempo. Pero me está pasando justo ahora.)

“A comeeeeerrr que se enfría la sooopaaaaaa…!”

(Sopa fea que interrumpe mi relato omnisciente. Yo siempre quise ser un hombre joven. Y hacerme una vasectomía para ser un hombre joven y solo. Aunque en verdad me hubiera gustado ser caballo. Caballo de paso peruano. O algo que galopara y me llevara a las antípodas. Allí donde realmente una desaparece.
Nací mujer y no me arrepiento. Pero a veces me aburre esta vida de corpiños y tampones las 24 hs. Me ligaré las trompas alguna vez? Qué postura asumiré ante las mamografías? No sé si quiero estar tanto con un ginecólogo. Esto no puede estar sucediéndome)

“Si no vienen ya les tiro la sopa por el balcón”.

(Yo no escribí la gran novela americana porque me pasé toda la infancia y la adolescencia nutriéndome. Hoy, ya adulta, tengo salud. Pero no tengo novela.
Por eso yo les digo a todas las madres que cuando vean a sus hijos en cuclillas, con los brazos envolviendo las piernas y la mirada en la nada misma, no es que se estén dejando morir. Sólo están haciendo algo por sí mismos. Pensar, por ejemplo. Mucho más allá de ustedes y de la sopa y de las verduras y de todas esas porquerías. Aunque esto es, sin ir más lejos, pedirle peras al olmo. Se los aseguro.)

“Ma sí...!!! es la última vez que les cocino, mierda!”

(Qué les dije! )