“Nos hemos reunido hoy aquí...”. (Cuando papá no era feliz hablaba como desde un púlpito. Los feligreses, en silencio. Un pueblo de dios formado por mujer, tres hijas, Narciso el perro, susana la tortuga y maldonado el hamster. Criaturitas de dios). “... para decirles que ya está... que se terminó... que hasta acá llegamos...”. Mamá terminó su dolor y percutó: “Bueno, ya, ya, ya! Decilo de una buena vez! Chiquitas! El tema es que nos hemos fundido. La tienda quebró. Hay que empezar de cero.” De cero? Tan atrás.? Al momento del mismísimo big bang? Antes del pesebre? Con el homo sapiens?. Qué miedo!

“No importa, má, no voy más al cole y listo”. “Eeeeeh... vamos a vender el tele?!?!?!”. Eso y sacarme las córneas era lo mismo.Mi hermana menor no dijo nada. Rara vez se daba con nosotros. Todo lo que le importaba en la vida estaba dentro de su cuna. Se la venderían y la harían madurar de golpe?.

“Ni vamos a vender la tele, ni van a dejar el colegio. Nos mudamos. Nos vamos del barrio”. La frase me dio en un órgano vital. “Yo me quedo con María” dije muy despacio para ser sonido y muy fuerte para ser pensamiento. ¿Alejarme del barrio, de María, de la negra, de los bichitos canasto de la vieja Medina, de los kinotos de don Frenttidorzo? Mmmmm... no, no sobreviviría en otra atmósfera. Y dije algo que me revolvió las tripas: “Má... y porqué no venden el tele y listo?”. “No hace falta. Ya vendimos la casa...”. Respuesta guadaña. Y con mi esperanza al ras del piso me fui. Yo, la sin techo, la desposeída, la desterrada. Si eran capaces de hacer esto, no serían capaces también de darnos en adopción?.

“ Don Frenttidorzo... snif... snif... me van a dar en adopción... ya no me pueden mantener... la tienda... sinf... snif... fundida... buaaaaaaa...!”. Sumado al llanto de María, la situación era insostenible para el hombre. Para dar más dramatismo, me fui en bombacha. Ni para ropa había ya en casa. Llamada telefónica a la madre de la criatura. Lo que puede un calzón.

El gran corazón de María me dio su traje de comunión. Largo y brilloso. Un lujete. Y la entrada de mamá me dio un paro cardíaco. Un julepe. “Pero qué hacés con ese traje, hija. Antes me corto una mano que desprenderme de mis hijas!!!!…esta chica me va a matar… cómo se te ocurre semejante cosa..dios mío “. Una. No se me escapó el detalle. No más de una. Más vale conservar la otra mano para firmarle los papeles a la familia adoptiva.

Aclarado el panorama, escuché la buena nueva de la mujer manca. “Bueno, nos mudamos sí, pero no del barrio. Encontramos una casa, aquí, a media cuadra”. Ja! Que me vengan a mí con que empezamos de cero!

Y así fue como nos quedamos en la manzana de siempre, con la gente de siempre, con los bichos canasta y los kinotos. No me dieron en adopción. Aunque la cara de mamá dijera lo contrario por un largo, larguísimo tiempo.

Y jamás se desprendió de sus manos. Tres colas lo certifican.