
“Ni el tiro del finaaaaaaal... te va a saliiiiiiiiiiiir... tarairarairaaaaa....”. Mientras ponía mi torta de cumpleaños en el horno, mamá cantaba tangos. Perturbadores. Todos. Siempre. Al ritmo del dos por cuatro, huevos, manteca, azúcar, harina y una lluvia de ralladura de limón eran batidos a toda marcha. Mamá centrípeta.
Nuestras tortas... Hijas de la madre que las parió. Año tras año. El mismo ADN. Tortas ricas. Aunque rutinarias. Una gran torta. Pero por entregas. Una torta folletín.
Lo novedoso estaba en la pista de sonido.
Febrero 25. Cumpleaños de mi hermana mayor. “Sus ojos se cerraaaron y el mundo sigue andaaando...”. Era adolescente y no le preocupaba su después. Le fui a advertir antes de que soplara las velitas. “Che... te está cantando que no vas a abrir más los ojos y que no le va a importar..., a la torta le puso algo... fijat...”. “Callate, boluda, siempre hablando pelotudeces...!!!!!!!!!! salí de mi piezaaaaa yaaaaa!.... máaaaa me está molestaaaandoooOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!”. “Termínenla... mocosas de mierrrrrda... no pueden ver a su madre contenta (sic) no? No pueden.... acabenlaaaaaaa, la dos ....ACABEEEEENLAAAAAAAAAAAAA”. Así. En cuerpo catástrofe. “Si yo no hice nada, che... “. Pif. Golpe en la cabeza. No quedé en estado vegetativo gracias a mi fuerte occipital. Y a mis reflejos condicionados. Cada vez que veía a mamá, segregaba huída. Por las dudas.
Mayo 24. Cumpleaños de mi hermana menor. Mamá batía los huevos con un “ hoooooy... vas a entrar en miiiiiii pasaaaaado...”. A los siete años, no se tiene antes ni después. Qué le iba a decir a su puro hoy? Que su madre la quería convertir en recuerdo? Que no probara esa torta llena de secretos?. Dejé que disfrutara de su juego último en la tierra. Se había dado cuenta de su partida? Premonitoria, jugaba a la estatua con dos amigas. Tan blanca. Tan dura. Tan quietita. Practicamente, había pasado a la inmortalidad.
Mi abuela, en cambio. no corría peligro. Ella tenía sus propias tortas.
Y, finalmente, marzo 2. Cuando el cumpleañero era papá, el tema top más que top “una sombra ya prooonto seráaaaaaas....”. arremolinaba la leche con la harina. El hombre, aterrado, sospechaba. Pasaba como una ráfaga por la cocina mirando a mamá, condenado. “Si es para mí, no le pongas limón”, tiraba al pasar. Mamá sorda selectiva. Había palabras que no escuchaba. Limón era una de ellas.
Me quedaba apoyada en la mesa de la cocina espolvoreada de ¿harina? siguiendo el proceso. En qué momento lo hacía? “A ver, chinita, dejá de meter el dedo en la masa... vía... vía... va, va, va........fuera de aquí...fuer.....fuer...fuer!!!!!”. A mamá la culpa la apocopaba. La envenenadora pastelera perdía letras. Pero no las mañas.
Si era veneno, evidentemente lo compraba en el almacén de doña Yocutca. De mala calidad. Vencido. Y de Taiwán. Un polvo blanco que sólo servía para hacer tortas. Nunca nos morimos. Siempre nos cantó tangos. Y nos hizo las tortas hasta que cada una llegó a los 12 años. Después se cansó. Es que estábamos grandes. Personas, casi. El caso es que ni una arcada tuvimos. O quizás se enamoró. Se dedicó a los boleros románticos.”la puerta se cerró detrás de tiiiiiiiii...y nunca más volviste a apareceeeeeeer....” mientras, hogareña, regaba la vereda. De asesina de alto vuelo a enamorada de cabotaje. Qué desperdicio!
Antes de que mamá se volviera cotidiana, el día de mi cumpleaños número doce, decidí que ya era hora de advertir a mis amigas María y la negra sobre el problemita de mamá y sus tortas. “Lo que pasa es que no nos morimos porque tenemos acostumbramiento, como con el champú”. “Y qué hacemos... ¿ le avisamos a los otros?”. “Tás loca, negra, y si se la llevan presa”. María y la negra no soportaban el dejarme sin madre. Preferían cargar en sus conciencias con algunas muertes de chicos intoxicados.
Ni espuma por la boca. Ni retorcijones. Mis invitados termitas arrasaban la comida por orden de aparición. La torta desapareció apenas terminé de soplar las velas. Sin embargo, no hubo que lamentar víctimas. Nada de nada. Ni sombras. Ni tiro del final. Ni ojos cerrados. “ Bueno, chiquitos, ahora a jugar afuera... vamos, vamos, al patioooo...(dedo telegráfico en las espaldas)...AL PATIOOOOOOO DIJEEEEE......!”. El patio. Sería allí? Nuestra Guyana? Muerte masiva? Mamá Jones? La reverenda Jim?. El veneno en la coca cola?. La torta era inocente?
Sólo cuando los ojazos asustados de María me miraron, volví a la tierra, la tierra prometida de sus ojos y dejé de ver cadáveres entre las hortensias. “Che... ni uno... todos vivos... se mueven....no hay síntomas”, la negra era la más forense.
Y entonces, corté por lo sano. Le dí de su veneno. “Má....mirá lo que aprendí…(crucé los dedos y entoné)..si la muerteeeee pisa mi huertooooo quien firmará que he mueeeeerto de muerte naturaaaaaaal…”. Ja. Ahora la quería ver. “Ahá.... (fis…. fis….fis) a ver, correte..... (fis.... fis.... fis…. )”. Y siguió barriendo los restos de torta en el patio guyana. Las pruebas fueron a la basura y yo me fui a la concha de la lora. Quizás en el próximo año se le caería la máscara. O compraría las tortas hechas.
29 comentarios
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Sobre diario de una mitomana
Mi nombre es Marta Drooker. Y nunca miro de frente. Lo mejor pasa por los costados y no quiero perdérmelo. Durante buena parte de mi vida sólo comí papas fritas y helado y no me morí. Escucho voces y veo cosas extrañas. Salvo cuando estoy sola. Nunca me despierto a la misma hora ni en el mismo día. Y trato, en lo posible, de no decir la verdad. Este planeta me cansa por lo que trato de dormir en todo momento. Tengo problemas con los humanos. Ninguno con las vacas. Por eso no me las como. Y, si bien, adoro a mi abuela, a veces la mataría. Tengo un blog para acordarme de que todavía sigo aquí. Aunque no parezca.

Adrián L.
9 ene 2007 | 04:42 PM
Lo he leído como una película en colores pálidos por el paso del tiempo,y me quedé con las ganas de saber cómo olían las tortas.
Laale
9 ene 2007 | 06:48 PM
Cheeeeee... que irrespetuoso Adrián! ¿De qué paso del tiempo me habla? Mirá Martita, nos dice viejas! Se nos nota el color sepia, hermana... esto no lo tapamos con ninguna crema antiaging, ni con los polvos de las tortas de mamá.
Ernestina
9 ene 2007 | 07:07 PM
Mientras te leía mi hijo me miraba y me decía...te vas a morir!!! estás toda colorada!!!
Es mucho para mi Martita, las lagrimas me corren por las mejillas y las carcajadas creo que sacaron a varios vecinos de su siesta.
Excelente, como siempre, como ya nos tenés acostumbradas.
Beso enorme
Ernestina
9 ene 2007 | 07:09 PM
Me olvidaba.....¿algun parentezco la Mami con Yiya Murano?
marta drooker
9 ene 2007 | 08:55 PM
Adrián:
las tortas de mamá olían a limón. Kilos y kilos de ralladura de limón por torta. Una fijación está mujer con el cítrico!
Ernestina: por favor, cuidado con la criatura, no la asustes. Y sí, mamá era como una Yiya sin agallas.
Ay, Laale, lo que pasa es que cuando éramos adolescentes nos bronceábamos como doradas diosas griegas. Ahora, quedamos sepia. ay! Ya estaremos pixelándonos?
abuela elenita
9 ene 2007 | 10:06 PM
ay, chiquita olvidadiza, qué harías sin la memoria de tu abuela! Jamás tu mamá te hubiera envenenado la Coca Cola. Pero qué locura, nieta querida, qué locura! Ella sólo compraba Pepsi.
Honey
9 ene 2007 | 11:07 PM
Martita Drookerrrrrr!
Por fin, la vuelta más esperada. El aclamado retorno, el huracán mitómano VUELVEEEEEE!!
Y con tortas o tartas para los españoles. Que las tortas en España, o son de anís y se mojan en la leche, o te las dan en el careto cuando te portas mal!
Tu pobre madre envenenadora...una santa, al final va a resultar una santa!
Besotes.
Cielo
10 ene 2007 | 05:51 AM
Como siempre, valio la pena la espera.
Todavia no termino de reirme y tu escrito me pone a pensar, quizas mi madre tambien queria envenarme y para que el veneno hiciera efecto tenia que terminar todo lo de mi plato porque la frase de mi madre fue, es y seguira siendo; "Niña, terminate todo lo que hay en tu plato!!!!!!!."
Quizas todas las madres tengan a una asesina en su interior. Jajajajaja.
marta drooker
10 ene 2007 | 05:41 PM
Alguien puede decirme, despacito y con lenguaje infantil cómo se sube una imagen al título del blog? ay, por qué justo ahora se me ocurre hacerlo? en fin, espero algún dato de ustedes.... no comeré ni dormiré hasta resolverlo. Quieren ustedes cargar con mi muerte en sus conciencias? Entonces, espero alguna ideita!
Honey... pero cómo te va! Sí he vuelto pero furiosa por no poder cambiar la facha de este blog. Y sí, mamá era una santa.... una santa envenenaora.
Cielito: no tengo lka menor duda de que las madres son asesinas contenidas. En verdad. Tienen fijación porque las jijas dejen sus platos limpios...mmmmm... sospechaso... muuuuy sospechoso! Un abrazo!
Davichof
10 ene 2007 | 10:08 PM
Ayy Marta yo me comía una de esas tortas, como quien se come pez globo japonés, me da igual que en la operación tu madre se dejara algún residuo venenoso, dicen que quien sobrevive al pez, experimenta un efecto placentero ,dicen que afrodisíaco, quien sabe con esas tortas....Un abrazote.
PD: también me gustaría probar las de la abuela que tienen que ir a la zaga, seguro.
marta drooker
11 ene 2007 | 01:22 PM
Davichof querido!: Las de la abuela eran de carne y hueso. Algunas eran venenosas, otras borrachas y la mayoría muy pero muy buenas. en fin, con las tortas de la abuela sus nietas la pasaron muy pero muy bien.
Ah! Invito a todos a leer el post de Davichoff sobre Kafka! Muy bueno!
isabelbarcelo
11 ene 2007 | 08:07 PM
Realmente, me has hecho sospechar de todas las tortas elaboradas por manos maternales. Y, sin embargo, aquí estás, vivita y coleando. Pobre mamá. Seguro que te daba rabia porque cantaba tangos. Besos.
marta drooker
12 ene 2007 | 02:23 PM
Isabel: tengo la sospecha que las tortas de mamá si bien no me mataron, dejaron secuelas. Por ejemplo, no puedo sumar, restar, dividir o multiplicar. Ni hablemos de sacar porcentajes o raíces cuadradas. No le tengo miedo a las serpientes, las ratas, los escorpiones pero llego a los bordes de la muerte súbita si me roza una luciérnaga. Puedo andar a 200 km/h pero me da vértigo subirme a una bicicleta...mmmmm hay algo que no me quedó bien.
Isabel,tu historia con Imilce como narradora es insuperable... te sigo siempre, un abrazo!
Davichof
12 ene 2007 | 02:54 PM
:) Marta, hija, muchas gracias, que alguien a quien admiro recomiende algo que he hecho me emociona de verdad. PD: A mí el blog de Isabel también me parece genial, combina historia y literatura (dos de las cosas con las que más disfruto) de manera admirable. Ayyy,lo que quiero es tiempo para leer, estar con la gente, visitar blog...Pronto cambiarán las cosas. Un abrazo a las dos.
Luisaya
12 ene 2007 | 08:16 PM
HOOOlAA Marta!qué bueno que estés de regreso,ha vuelto la calidez a este lugar.Y no podía ser de mejor modo que haciendo a una reír a carcajadas...
Pablo
13 ene 2007 | 10:01 PM
¡GUAPA! ¡Qué ganas tenía de volver a "leerte"!
¡Guapa, más que guapa! Besos de un madrileñito.
MARIADELNORTE
15 ene 2007 | 12:41 AM
Me mató, me matoooooooooó! Y no fue una torta de mamá Droker, precisamente, sino la frase:
“Lo que pasa es que no nos morimos porque tenemos acostumbramiento, como con el champú”. jajajajaja
Genia del humor ! Siempre hacés que nuestras mandíbulas laburen, a fuerza de risas :)
pd: lo que preguntas de subir imágenes, te lo digo, de una: NI IDEApuntoCOM y menos en lenguaje infantil !!
La que podria ayudarte es Vade, que tan desaparecida está :( del mundo blog
marta drooker
15 ene 2007 | 01:54 PM
Davichof: es mutuo. Y que me leas a mí, me califica!
Luisaya: el día que no te encuentre por aquí con tus comentarios, dejo de hacer el blog.! Que te quede claro, eh!?!?
Pablito!!! En varias oportunidades he querido dejarte un comentario pero tu blog no quiere...snif...snif... y me lo rechaza. Vas a tener que hablar con él.
Mariaaa...acasotellamabas! sé que estás ocupada con un nuevo proyecto laboral... parece que este año arranca mejor eh? Un abrazo... Sí, Vade está resolviendo una serie de cosas en su vida. Espero que le vaya todo bien.
charruita
15 ene 2007 | 06:51 PM
ja ja ja
Confieso, yo pecadora, cuando lei el titulo del post te imaginaras que pense en otras clases de "Tortas".
Pero la pucha que si lo leo pa ese sentido tenes unas frasesitas que le vienen igual a la historia que se hizo mi cabeza.
Marta sos la uno!
Quiero comprar el libro de la mitomana.
marta drooker
15 ene 2007 | 07:06 PM
Charru, a la que los peces le sonríen y las ardillas le hablan (entren a su blog y se enteran): si bien es cierto que las tortas de mamá eran de manteca, azúcar, maizena y rayadura de limón, la de abuela elenita usaban corpiño. En ese caso, no te hubieras confundido de tortas. Mirá, charru, si seguís insistiendo con el libro te voy a mandar el diario intimo de la abuela. Besos, Vic.!
abuela elenita
15 ene 2007 | 07:15 PM
RA LLA DU RA y no RA YA DU RA. Ay, Martita, hijita, qué bruta!
Pablo
15 ene 2007 | 09:29 PM
¡Oh! Maldito blog. ¿No se te olvidaría meter el código alfanumérico (toma palabrita) que permite dejar el comentario, verdad? Si lo hiciste... no sé qué más puedo hacer. Nadie tiene problemas, que yo sepa.
Yelqtls
16 ene 2007 | 09:16 AM
Siempre es un placer pasarme por aquí y leer tus relatos… muchas de esas veces no dispongo del tiempo suficiente para leer y comentar…(sorry) pero que sepas que me dejo caer por aquí muy a menudo.
Por cierto, no te dije nada, pero me gusta mucho la imagen del titulo.
Gracias por tus visitas y tus comentarios, es todo un lujo para mi blog tenerte como visitante ilustre.
Besos.
marta drooker
16 ene 2007 | 01:41 PM
Pablitopoetaquerido! Ya pude dejarte comentarios. Lo ñunico que te pido es que no le digas a nadie que olvidé poner el código numérico. Ya estoy acostumbrada. Donde nadie tiene problemas, yo los tengo! Un abrazo. Tu poesía encontrada y publicada tal cual es maravillosa. Dejaste a Honey preguntándose!
Yelqtls! Gracias por todas tus palabras. Aunque todo sea demasiado, todo es recíproco!
isabelbarcelo
16 ene 2007 | 08:30 PM
Pasé a visitarte, y veo que, pese a las secuelas que relatas, sigues con la torta.... Besos.
Maite
16 ene 2007 | 10:03 PM
Bueno... esto... mala hierba nunca muere...? :-) Además, te ha quedado el gusto por los tangos, que lo sé, que lo sé de un meme tuyo que me leí... y estoy segura de que ahora haces unas tortas magníficas, sin pizca de limón.
Se te echaba de menos, mitómana... Un beso!!
marta drooker
17 ene 2007 | 12:43 PM
Isabel: y,sí... sigo con mi torta llena de secuelas. Besos y estoy amurada a tu historia. Dido me tiene fascinada.
Maite!!!Sí... adivinaste: hago tortas sin una pizca de limón... pero no magníficas. En realidad, es a mi abuela a quien le encantan los tangos. De hecho, aquel meme era de abuela elenita. Pero, qué se yo, todo es tan simbiótico en mi familia! Un abrazo fuerte!
Laale Drooker
23 ene 2007 | 08:16 PM
Ah! ¿Eran secuelas de las tortas? ¿Y por qué me torturaban mandándome a la profe de química toooodo el verano para que aprobara? Ufa, Marta, semos una santas, semo!
marta drooker
25 ene 2007 | 06:28 PM
Ni aún así aprobaste!, Laale.