“... y en un año... a veeer... cinco por
noche...domingo descanso...son..mmmm seis días a la semana.... por cuatro... por 12...... eeeh... acatá!.son 1440 tipos a 50 dólares cada uno....eeeeeh... dan como resultado.... a veeeer... sí, son 72.000 dólares por año...multiplicado por 3...eeeh..son ¡!!216.000 dólares!!!!!!!!!!!”. Chan! El dedo índice de la negra apretó el signo igual como a una hormiga. “Guau!!!!!. Empecemos ya!”. Dije y mi ambición contagiosa nos abrazó a las tres. La negra Gorrochategui y su calculadora solar alumbraban nuestro futuro. Para nosotras ser puta era ser la dueña del mundo. Enfrente de mi casa, teníamos la prueba viviente. Se llamaba Carol Gutierrez. Y en un año vimos crecer las visitas a su casa y su patrimonio, de una forma demoledora. Un K.O. a los sueños paternos. La antropóloga Marta Drooker? La doctora? La jueza? La premio Nobel de la Paz? La divina Marta? La mejor Drooker? La exitosa? La del medio? La diosa? La mejor? La puta. A secas.
“La fulana hoy vendió todas las localidades”, comentaba mamá a un marido hundido en el periódico. “Pse...”. Papá en la guerra del medio oriente. “Ay... mirá, sale de su casa... mmmmm... viene para acá.”. Papá doblando la guerra en cuatro. “Caaaarol...!. Qué gusto, hija, pase, pase!”. “Sr. Drooker, cómo está…(beso rocío) su señora se encuentra?”. La señora se encontraba en el medio de una indudable pasión. El rostro de mamá cortó como sevillana la onda entre papá y Carol. “Ay...! pero qué tal, querida, adelante!” (beso piedra pomez). Un dedo húmedo probando una plancha caliente...psssss.....Mientras la sala de entrada era un valle de pasiones, nosotras debajo de la mesa del comedor teníamos nuestro wall street. “Chist, dice María, silencio que viene lo mejor”. “Pero, Carol. Ningún problema, cómo no nos vamos a hacer cargo!”. “Nos vamos a hacer cargo” la frase me rebotaba entre los parietales. En boca de mamá, sonaba a grandeza y comprensión. Papá, seguramente, había colaborado con el crecimiento de Carol. Y había colaborado tanto que dio brote. María y la negra seguían haciendo cálculos. Yo ya tenía uno en el estómago. No porque me molestara el brote. Al fin de cuentas, mamá tenía uno todos los días y nadie se lo cuestionaba. De pronto, mi destino perfecto de puta se ensombrecía con la posibilidad de brote. “Los forros vienen fallados”, comentábamos doctorales, aunque lo más cerca de un hombre desnudo que habíamos estado por entonces era el hermano menor de la negra. Tenía dos años. Pero ya era una aproximación al mundo masculino en vivo. Y que no fuera un perro. El resto, pura calculadora. Hicimos un cálculo de abortos. No. Una fortuna. Hasta que falló la calculadora de la negra y nuestra vida puta se ahogó en la vida diaria. Y en los cálculos manuales sobre una hoja de cuaderno.
Terminamos cuidando el caniche toy de Carol. El brote. (Papá no había andado por ese jardín.).Y regándole las plantas. (pero sí por uno lleno de portulacas, geranios y soretitos del toy). Desde México, con su voz Acapulco, llamó un día.”Martita, habla Carol, deciles a tus papis que vuelvo el viernes, un abrazo”. Sentí playa. Sentí sombrillitas de trago largo. El tubo del teléfono exudaba caribe. María Félix. Y de golpe, la era de hielo. “Martaaaaaaa!!!!!....Martaaaaaaaaaaaaaaaaa... contestame si no querés que te mate!!!!!!!!!! Pero será posible?!?!?!?!?! SERÁAAAA POSIBLEEEEE!!!!?!?!?!?!?!”. “Qué, má...”. “Qué má ni qué má.... te voy a dar... a ver, este papel... QUÉ ESSSSS! ... dice forro... 216.000 dólares?!?!... ABOOORTOOOOO?!?!?!?!? ”. No tuve buenos reflejos mitómanos. Me quedé muda. Y el cross de mamá me dejó sorda. Y todo, todo, todo, todo todo culpa de una calculadora solar de mierda.