“ Y este espermatozoide?... y la Apollo 11 dónde está?... Eh?... Dónde, Drooker, dónde!!!!!... a veeeeer, la que sigue...!”. La que sigue estaba detrás de mi sordera, respirando como un llamado obsceno. Yo, Nefertiti.
“Drooker... Drooker Marta (en ese orden primero la empresa, luego el producto) Drooker Marta, hija, que no tengo todo el día, muévase... vaya a su banco, deje pasar a la que sigue”

La que fue le cedió el paso a la que sigue. La niña efímera. Y entré en el pasado de la maestra. Después, recuerdo. Y luego, nada. Como todas mis compañeras. Un fue de 30 cabezas. Nuestra maestra amaba el futuro, soportaba el presente y olvidaba el pasado.
Yo tenía mis sospechas sobre el espermatozoide pero ninguna certeza. De todos modos, ilustré la Apollo 11 rumbo al ovulo lunar.
“Má... mirá lo que dibujé...” dije buscando la puesta en valor de la obra. “Ay...jajaja... Martita.... está muy lindo pero.. (con mirada de curadora) los espermatozoides no van solos... viajan juntos... y son muchísimos… y uno solito llega”. Una respuesta con final abierto. “Má, es la Apollo 11... y esa es la luna” . Mamá curada de espanto. “Ah... claro! Entonces sí, hija, el módulo va solo”.
Y se fue arrollando a mi educación sexual.
Por el otro carril venía mi hermana mayor que le pasó por encima. “Che... qué barrilete horrible... parece un renacuajo”. Ni noticias de espermatozoides.
“Quéseso?” Mi hermana menor no tenía barra espaciadora. “Esto es la Apollo 11”. “loisitevo?”. “Sí, la dibujé yo.” Dije mirando al espermatozoide con la carita de Armstrong asomando por una ventanita. “Yquéhaceeso”. “Nos hace a nosotros. A nosotros nos trae la Apollo11. Ella solita. No como los espermatozoides que son flaquitos y debiluchos y se llevan por delante y se matan entre ellos, ni los renacuajos que andan en barrilete muy feos”. No la iba a dejar sin respuesta. Tenía cuatro años. Ya estaba en condiciones de saber el secreto de la vida.
Nuestra cigüeña módulo. No tuvimos París. Pero tuvimos la luna. Aunque de mentirita.