En aquella época, el único flash con el que alucinábamos era Gordon. Cuando la tabla del nueve era mi peor pesadilla, ponía empeño no en aprenderla sino en imaginar el modo en que Flash Gordon me rescataría del villano matemático. Jamás lo nombraba Flash, a secas. Era Flash Gordon o nada. Unicelular. Milli Vanilli. Un paramecio. Y cuando no llegaba a tiempo, zás! El vacío. La nada. Más que nada.Y allí iba la niña en persona hasta el kiosco, a buscar la cura a su nihilismo.
“A poner la mesaaaaa....!....a poner la mesaaaa......Dije a poner la mesaaaaa...!!!!!”. Mamá funcionaba a repetición. Toda una Winchester.
“Ya escucharon a su madre....dejen la revista.... vamos, vam...”. Epa. Papá catatónico. Tuvo un Flash Gordon!. Guau!. Qué expresión. No es que no lo conociera. Sucede que era una edición especial. Gorda y dorada. Y de pronto, no estuvo más. Con un shock de orfandad, fui a comunicarle la pérdida a la carabina.
“ Pero qué decís... QUÉ DECÍS...!!!!....Vos no tenés límite... me querés ver muerta?!?!?! Decime... eso querés?!?!?!?”. Luego de batirme como un bloody mary, me soltó como quien quiere alejarse de la bebida y fue, directo, a reconocer el cuerpo. Mientras mi hermana menor le peinaba los bigotes, la mayor con brotes de flower power le pegaba portulacas por la pelada. Tirado en el piso, ajeno a los acontecimientos, él leía a Flash Gordon. Nada muerto. Todo vida.
Un viento súbito entró por la ventana haciendo flamear el delantal de cocina de mamá. Parada en la puerta. Piernas abiertas, manos en la cintura. Villana gastronómica. “En esta casa nadie quiere comer?????!?!?!?!...A ver, el muerto, que se levante porque se hace tarde...”. Su expresión de cabotaje pulverizó a aquel Flash Gordon con bigote Dali y cabeza de portulaca.

“Y vooooos....(dedo índice como brújula enloquecida) la próxima mentira te hago la valija y te vas a vivir con don Frenttidorzo...me entendiste.?!?!?!. ME ENTENDISTE?!?!?!?!... dios, porqué es tan complicado comer en esta casa... PORQUÉ?!?!?!?!?!”. Yo amaba a la hija de don Frenttidorzo. Pero no hasta la convivencia.
Flash Gordon, me fallaste. No viniste por mí. Todavía la tabla del nueve es mi peor pesadilla. ¿Te espero o ya es demasiado tarde?