“A veeer..... qué pasa si justo... justito ahora aparece una carreta por la derecha”. Papá críptico. Nunca pudimos descifrar sus códigos. Su sistema de enseñanza se basaba en el método del acertijo.
Con mis hermanas no nos perdíamos ni un capítulo de El Agente de Cipol, Yo soy espía, Mannix y Yo quiero a Lucy. Este último para disimular.
Teníamos la esperanza de aprender a leer codigos secretos y entenderlo. ¿Y si papá era un espía que estaba vigilando de cerca a una peligrosa agente polaca y que pasaron los años y para no despertar sospechas tuvo hijas con ella y ahora estaba atrapado en su propio laberinto?. En fin, mientras decidíamos qué pensar del minotauro, éste intentaba enseñarnos a conducir su coche. No por propia voluntad. Puede que mamá no haya sido agente polaca pero su nombre era “peligro”.
“Pero será posible que seas tan egoísta...! Por qué.. eh?! Decime porqué no querés enseñarles a manejar a tus hijas?!!!....Ay!!!, porqué...! porqué no me casé con mi profesor de taquigrafía de la Pittman... él, seguro, les hubiera enseñado a escribir a máquina”. Golpe de gracia. Era evidente que allí había una historia de arrebato escolar, triángulo de amor, teclado caliente. Caramba. Mamá gata.Y allí estábamos nosotras. El fruto de no se sabe qué. Sin saber manejar. Ni coche. Ni máquina de escribir. En el medio de un destino.
“Bueno, vamos”, dijo atravesado por una pasión taquigráfica.
Fuimos detrás de papá creyendo que eso era una separación conyugal. Un “vamos a un futuro lejos de aquí”. Y no dudamos en seguirlo. El tenía las llaves del coche. No estábamos dispuestas a buscar un destino de a pie junto a una ex gata en celo . Alcanzamos rápido el futuro. Estaba en la cochera. Y nos subimos a él.

“ ¿Y?... estoy esperando una respuesta, hijas... qué pasa si ahora aparece esa carreta por la derecha?”.... “ Y... eee... esteeee.... si es la de don Juan el verdulero, lo saludamos... y ...” Mi hermana mayor, sociable y locuaz, contestó. Yo estaba demasiado ocupada practicando el efecto ostra. Vimos a papá cubrirse la cara y luego apoyar la cabeza sobre el volante. Desolación.
“No... no.... si aparece una carreta, un carro, un coche, un bus...un plato volador!!!! Le dan paso... el de la derecha tiene prioridad.... TIENE PRIORIDAD!....” “Aaah..!”, exclamamos con felicidad coral.
Volvimos en silencio. Mamá al ver el cuadro asumió que sus hijas no manejarían ni escribirían a máquina. “Pero qué pasó eh? Qué pasó?”. “nada, má –contesté-...nada... ah! te manda saludos don juan, el verdulero”. Del otro lado de la respuesta, papá, además de la paciencia, había perdido la otra parte de nuestro destino.