Mientras mi hermana mayor intentaba explicarme que yo no había eyaculado sino que sólo era mi primera menstruación, lo ví. Detrás mismo de todos mis problemas, del otro lado de mis hormonas, al borde exacto de un ”puede ser”. Allí justito. Un Fiat 600 brillante como manzana, incitando a la mordida. Como una eva metalúrgica, violé el pacto con dios-madre y mordí el universo. Un paraíso sin adán para tan feliz hermafrodita.
“che... che.. hola?!!!?!?!... marta... me escuchás?!!… aquí, la tierra.!!!...no seas tonta...qué te pasa... las mujeres no eyaculan, bestia! NO EYACULAN... ponete esto...(tampón con aplicador)... vamos... vamos (cachetadas in crescendo)”.
Eyacular, menstruar, tampón... tonterías!. Me subí al paraíso. Puse en marcha la manzana. Y comenzó el pecado a 40 kmph. Un fuera de foco atrapó a mi hermana. Y me intoxiqué con un coctel de adrenalina y endorfinas. Fue mi primera y última sobredosis. Al menos a bordo de un Fiat 600.
Cuando sentí el golpe en mi cara, desperté. Y la efímera eva vio el rostro de su madre. Y fue expulsada del paraíso.. No sé qué frenó mi arrebato bíblico. ¿Mamá a 40 kmph? ¿Su afamado cross de derecha? ¿El novio de mi hermana como adán despechado recuperando SU paraíso? Falta de combustible? Sólo se que me apasionan los coches. Pero ni uno de los que he tenido se le arrima a la pasión desaforada que me regaló aquel fitito manzana. Yo tenia 10 años, una menstruacion temprana y una eyaculacion de más.
Para mis compañeras de colegio lo mío fue un accidente de tránsito. La novedad menstrual, un hecho de sangre. Por lo tanto, la eyaculación seguía primera en el ranking hormonal de nuestra ignorancia.
En el fondo de esta historia de bolsillo quedó el tampón. Esperando su historia. Justo ahí donde se apasionan casi todas las historias. Desaforadamente. Como Fiat 600.