“Pero qué hiciste!!!!!!!!!! Qué hiciste!!!!!!! Rogá…! Eh!! Rogá que no le haya pasado nada…., porque te mato…. Te lo juro… esta vez te mato… estoy hasta acá…(dedo índice en la frente) hasta acá!!!!!!!!!”
Por ese altercado con un potus materno que me tendió una emboscada en el pasillo, (mamá no daba ya hijas, sino brotes de potus) me dieron arresto domiciliario por dos días. Sin fianzas. El potus –nuestro hermano de leche- ganó una nueva y hermosa maceta. Yo, el aislamiento y la pérdida de mis garantías constitucionales. En mi cuarto. Sin tevé. Sin lápices. Sin cuadernos. Sin libros. Sola como un cero. Cuarto cerrado. Estado de sitio.
Wonder Woman sin Linda Carter. Blancanieves sin bruja. Sandokan sin Malasia. Venecia sin ti. Por la mitad. Sin argumentos, antagonistas ni personaje. Nada. Partida. Aburrida. Colapso nervioso.
Mis hermanas, colaboracionistas del régimen, me dejaban la comida en una bandeja, en el suelo y cerraban la puerta como fantasmas. Las Casper repetían por la noche el truco de la bandeja, pero agregándole una banda de sonido: “Uuuuuuuuuuuuuuuuuh”. La u. La vocal del susto.Y tomé la decisión..
En casa, las sábanas eran floreadas. No había blancas. Fetiches maternos.Por lo tanto, los fantasmas eran ondulantes girasoles y margaritas, un delicioso y primaveral pret a porter del más allá. Actuaban sin pre producción. Era evidente. Yo no. Un potus ornamentaba mi ventana, (otro, no aquel que me arruinó la vida) Lo puse en un vaso con agua. Con la tierra preparé el barro. Y las esperé, embriagada de trampa.
Entraron y resbalaron manchando su impecable estupor de barro.
Para que mamá no las escuchara, lloraban para adentro, como si se ahogaran. Una implosión de llanto. De rodillas, con las manos juntas y mirando al techo me lo pidieron. Mi duro corazón de reclusa se conmovió no tanto por la súplica lastimosa sino por la admirable destreza cromática con la que lloraban para adentro hasta teñirse de violeta.
Busqué entre los saldos y retazos de mis mentiras pasadas de moda o usadas por la mitad o con fallas de origen y encontré una oferta de segunda selección.
“Nos va a matar, mami nos va a matar si ve las sábanas con barro”. Era verdad. No tenían salida .La muerte... o yo.
“POLTERGEITS... en el cuarto de Marta hay POLTERGEIST...” Gritaban mientras bajaban las escaleras como dobles de riesgo. “Se mueven cosas.... hasta el potus de la ventana, má, hasta el potus....tenemos miedo... muuucho... se hizo barro..... las sábanas!”
Sin vocación para la mentira, relataron un fenómeno paranormal como dos fronterizas.
Se ve que mamá estaba totalmente segura de que yo podía dirigir el Poltergeist de mi cuarto mejor que Spielberg porque sólo subió a rescatar su potus y las sábanas.
Me levantó el arresto. Esta vez no había sido yo. O sí. De todos modos, los dos fantasmas floreados mordieron el polvo. Y mamá el anzuelo.