
Sí. Es así. Lo supe desde que pude entenderlo. Tenía 6 o 7 años cuando vi a mi abuela con la tía Maggi durmiendo juntas, en una hamaca paraguaya, bajo el frondoso algarrobo de la quinta de Don Torcuato, en Buenos Aires. En ese preciso instante, me di cuenta el porqué de la insistencia para que los niños fuéramos a dormir luego de almorzar. Desde ese día jamás volví a dormir la siesta. Era evidente que lo mejor ocurría en ese momento del día. No estaba dispuesta a perdérmelo. A veces andaban juntas, muy, en un mismo caballo. O en bicicleta; abuela manejaba y Maggi iba dentro de una canastita, con su falda aleteando como una mariposa sobre el rostro de abu. Y el pináculo del erotismo: se bañaban desnudas en la laguna y luego una secaba a la otra. Jamás en toda mi vida volví a sentir el grado de erotismo que mi abuela y Maggi me regalaron cada siesta de aquel caliente verano.
Hasta que la perspicacia inclaudicable de mamá sospechó de ese amor. No porque no supiera que a su madre le gustaban las mujeres sino porque para mamá la mujer oficial de la abuela era Adelia, (que supo ser mejor madre para ella que la propia) la que ese verano fue a visitar a su familia a Córdoba.
“Martita...”(mamá utilizaba el diminutivo cada vez que intentaba llevarme al terreno de la delación) ”Martita... decime... vos... por casualidad... allá en la quinta....este verano... eh... cuando se quedaron solas con... con la abuela... y.....con tía Maggi.... no viste... digo... no viste algo ... algo raro... eh....” Mientras mamá dilapidaba pausas, mi mente construía atajos. Y la imaginación, una vez más, no me jugó una mala pasada.
Mamá se fue de este mundo creyendo lo que le había dicho. Nunca dudó de mi versión. Siempre puso bajo sospecha cada una de mis declaraciones sobre otros temas, pero era evidente que para ella mi mitomanía no resistiría una imagen erótica fuerte entre dos mujeres.
Se equivocó.
Que qué le dije?. Bueno, realmente, qué importancia tiene, verdad?
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Sobre diario de una mitomana
Mi nombre es Marta Drooker. Y nunca miro de frente. Lo mejor pasa por los costados y no quiero perdérmelo. Durante buena parte de mi vida sólo comí papas fritas y helado y no me morí. Escucho voces y veo cosas extrañas. Salvo cuando estoy sola. Nunca me despierto a la misma hora ni en el mismo día. Y trato, en lo posible, de no decir la verdad. Este planeta me cansa por lo que trato de dormir en todo momento. Tengo problemas con los humanos. Ninguno con las vacas. Por eso no me las como. Y, si bien, adoro a mi abuela, a veces la mataría. Tengo un blog para acordarme de que todavía sigo aquí. Aunque no parezca.

Abuela Elenita
20 mar 2006 | 07:51 PM
Martita, nieta querida..
qué imaginación la tuya!
De dónde habrás sacado eso...!
Mirá que decir que la quinta estaba en Don Torcuato y no en La Lucila!
liam
20 mar 2006 | 09:20 PM
Necesito un whisky...
esta historia es too much!
alero perdido
20 mar 2006 | 09:28 PM
Esto se está poniendo hot!
Y con una abuela...!
Abuela Elenita
21 mar 2006 | 04:31 PM
Eh!...Niños... que esto no es un bar ni yo una bailarina de caño.
No es para tanto...
minerva
21 mar 2006 | 08:12 PM
Ya no volveré a mirar a mi abuela de la misma manera, cielos!
marta drooker
21 mar 2006 | 08:40 PM
el tema no es la abuela...
el tema es la nieta!
thunderbird
21 mar 2006 | 08:53 PM
No es un dato menor. q´ le dijiste a tu mamá
dePableras :. flaco_
22 mar 2006 | 07:56 PM
Gracias por tu comentario, Marta. Pronto volveré a escribir algo más para La Venus. A ver si de una vez por todas termino los exámenes.
Un beso, inventora mitómana.
Por cierto, menuda nieta, ¡qué capaz!
marta drooker
22 mar 2006 | 08:14 PM
Dale, apurate con los exámenes, entonces!
Un abrazo
Montse
22 mar 2006 | 11:37 PM
ya puedes visitar el web site www.lacoctelera.com/lablogerafloja
Andrea
24 mar 2006 | 04:48 PM
Marta gracias por el comentario!! Y qué tremenda historia que le contaste a tu mama, imaginate hacerla desconfiar de la fidelidad de tu abue... Q envidia (de la buena, como siempre) te tengo yo por no haber inventado nada asi en mi infancia!
Juan Solo
24 mar 2006 | 07:51 PM
Marta: mira, no es que me quiera evadir del tema, pero quería contarte que este último tiempo me han estado pasando la cuenta las 3 o 4 horas que duermo a diario, y me la llevo pensando en dormir en cualquier parte (y qué de lugares he encontrado Marta).
La cosa es que con el concepto "hamaca paraguaya" que mencionaste me dejaste con la espalda acalambrada, y los ojos se me cierran len-ta-mennnn-te.
¿Algún dato adicional para este pobre insomne? (¿Será insomne la palabra?).
Zzzzaludos.
CAVIAR
25 mar 2006 | 05:44 AM
SABOTAJE
CONCIERTO TEATRAL
DEL 20 DE ABRIL AL 15 DE MAYO
CENTRO CULTURAL UNIVERSIDAD CATOLICA
NO CONFORMES CON NADA...
maju hierba
29 mar 2006 | 08:01 PM
dale, cuentanos que le dijiste a tu mama...
y presentame a la abuela.
marta drooker
30 mar 2006 | 04:11 PM
Juan, al menos no ronques.
Maju: no sólo puedo presentarte a la abuela. Te la envío envuelta para regalo
milagros
10 abr 2006 | 04:50 PM
superrecontracórcholis!
Una abuela gay? Qué historia deliciosa!
Continuará?
tentenpie
10 abr 2006 | 05:07 PM
Y, mujer?
Jamás contarás qué le dijiste a tu mama?
gatopardo
11 abr 2006 | 05:11 PM
Y qué importancia tiene lo que dijo a su madre?
Dimes, Marta con una abuela asi, living la vida loca, verdad?