
“Con un cuchillito de punta alfiler le sacó las tripas y se puso a vender: vendo tripas frescas de mi pobre mujer”, cantábamos alegres mientras mis tíos y mis padres charlaban divertidos, tranquilos, viendo desde lejos a sus pequeños hijos jugando a la ronda. Era evidente que la carne asada que acabábamos de comer pertenecía a la pobre mujer destripada con el cuchillito. Y lo dije. De pronto la ronda se congeló. Mis primos huyeron decididos, sin saber adónde. Y yo, una vez más, a la escribanía que funcionaba en el baño, a fin de que mamá me leyera las condiciones de mi contrato familiar: “Si seguís mintiendo, te vas de acá... me entendiste?? TE VAAAS!!!! ¿Vos me querés matar a mí? Eh? Eso querés?" (Sólo porque no fue famosa, el mundo no lo supo. Pero a nivel familiar, sabemos que la protohistoria de Nina Haggen estaba en los decibeles de mamá.) Eran tantos puntos a considerar a los cinco años. ¿Alguien vio a la vaca? Lo que habíamos comido, ¿no tenía la morfología de la mujer del carnicero? Esas venas que serpenteaban dentro de la carne servida en nuestro plato, acaso no parecían humanas? Ningún animal tiene venas así. Irme ¿adonde?, ¿a la casa de mis tíos?, ¿a un país limítrofe?, matarla?, ¿con qué?, ¿habré querido hacerlo? No sé. Es una idea que mi mente frizó en algún momento. Luego de la lectura del contrato, abrimos la puerta y allí la vimos tirada, azul y con la lengua saliéndole por un costado.
Mi hermana se desmayaba con la estética de la muerte. Vomitó todo de una manera francamente desordenada y perdió el conocimiento. Mamá, el control. Y yo, los límites de lo real.
Nadie se preocupó por esa mujer, la pobre destripada. Nadie. Seguimos cantando año tras año su calvario. Eso sí. Jamás volví a decir de quién era la carne asada. Más por respeto a una muerte sin dudas desagradable que por los sucesos en el baño.
10 comentarios
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Sobre diario de una mitomana
Mi nombre es Marta Drooker. Y nunca miro de frente. Lo mejor pasa por los costados y no quiero perdérmelo. Durante buena parte de mi vida sólo comí papas fritas y helado y no me morí. Escucho voces y veo cosas extrañas. Salvo cuando estoy sola. Nunca me despierto a la misma hora ni en el mismo día. Y trato, en lo posible, de no decir la verdad. Este planeta me cansa por lo que trato de dormir en todo momento. Tengo problemas con los humanos. Ninguno con las vacas. Por eso no me las como. Y, si bien, adoro a mi abuela, a veces la mataría. Tengo un blog para acordarme de que todavía sigo aquí. Aunque no parezca.

Abuela Elenita
14 mar 2006 | 08:19 PM
Martita
(dios, hija, qué ganas de remover esa historia de rondas y tripas)
Necesito que me digas cómo tener un contador, ese aparato que cuenta las visitas.
Contestame pronto. Tengo 76 años.
marta drooker
14 mar 2006 | 08:28 PM
Abuela
estás inflando un poco mi paciencia.
Tratemos de convivir con armonía, en la blogosfera.
Cliqueá (apretá dos veces el mousse) sobre el símbolo de mi contador y se te abrirá un universo indescriptible. Allí tendrás que arreglártelas sola.
Y basta por hoy.
aleroperdido
14 mar 2006 | 08:32 PM
Marta
Dime que lo de tu abuela es verdad y no un invento tuyo!
marta drooker
14 mar 2006 | 08:54 PM
No podría haberla inventado. Supera cualquier mito. Parece irreal pero es así.
De carne y hueso. Alero: esto va a traer problemas...
Abuela Elenita
15 mar 2006 | 02:57 PM
¿Problemas? No, todo lo contrario. YA TENGO MI CONTADOR! Estoy muy emocionada. Entró un árabe o una árabe a mi blog!
Besos, querida.
Juan Solo
19 mar 2006 | 05:07 PM
Marta, ¿te he dicho alguna vez que lo que escribes me parece bestial?. Bestialmente bueno quiero decir.
Eso sería por el momento, y ahora me voy a ver un poco a tu abuela. A ver si es verdad eso de que tiene un contador en su sitio.
Chau.
marta drooker
20 mar 2006 | 03:14 PM
Juan
Tené cuidado con mi abuela!
Se va a meter en tu blog!
Gracias, Juan, por semejante elogio.
Juan Solo
21 mar 2006 | 09:30 PM
¿Elogios?, es lo menos que puedo hacer después de leerte Marta. Es lo menos.
Y tu abuela ya se metió en mi blog (a ustedes dos estoy pensando, seriamente, en invitarlas a tomar un matecito, o un buen pisco sour. Ahí vean qué les parece mejor).
Chau.
marta drooker
22 mar 2006 | 02:11 PM
De acá a la China, sin dudas, me quedo con el pisco.
Conociendo los desbordes de mi abuela, te diría que ella también.
Y ojo con ella!
Más que una abuela, es una patolgía!
Besos miles para vos, Juan!
marta drooker
22 mar 2006 | 05:38 PM
Con el pisco, sin dudas, me quedo con el pisco.
Conociendo la desmesura de mi abuela, ella también.
Uy! Ya se metió en tu blog?
Cuidado, Juan! Más que una abuela es una psicopatía.
Y en vez de hacer amistades, ella hace metástasis.
Un fuerte abrazo... y qué tal Radio Placeres?...