Hasta una edad más que alarmante, yo me babeaba. Un asco. Como con mamá teníamos un contacto protocolar, nunca advirtió claramente las andanzas de mi lengua.
-Soy francesa. Es por eso.
-Pero, Marti, si naciste en Santa Fe.
-Y bueno, María, Santa Fe es un pueblo cerca de Versalles.
-Ah! Yo creía que quedaba en Africa, donde vive Elsa, la leona de dos mundos.
-Ay, María, Santa Fe queda en el país de las sombras largas.
-Negra, nací en Francia y eso queda al este del paraíso.
-Ah! Donde vive La Bastarda... (1)
Las charlas geográficas con María y la negra denotaban que lo que sabíamos de geopolìtica lo deducíamos leyendo los lomos de los libros de moda que inflaban la biblioteca familiar.
-Dice mi mamá que le va a decir a la tuya que te lleve al médico urgente porque estás perdiendo saliva... yo que vos me escapo.
-Sí, tiene razón la negra.... Andate a Santa Fe.... Nadie te va a buscar en Francia.
-Ni pienso. Las francesas saludamos con la lengua...le guste o no a mi mamá.
Juliette Greco, Francoise Hardy, Marie Laforet, Jane Birkin podrían haber sido mis madres. Pero prefirieron ser afiches. La de carne, hueso y fanática del brócoli no se parecía a ninguna de ellas. Ni era francesa.
-Decime, asquerosa, por qué te andás babeando?
-Yo no me babeo.
-Hija, estás muy al pedo. O te buscás una actividad extra fuera del colegio o te buscás otra casa.
-Pero, má...
-Y basta de chanchadas, habrase visto, por dios, qué vergüenza! QUÉ VERGUENZAAA! Y qué asco, mocosa asquerosa!!! A quién saliste! A quién! Alguna vez viste que no me bañara? Alguna vez me viste comer con la boca llena? Me atraso con los impuestos? No tengo al día las cuotas de la rifa del Club? Viste alguna vez una huella digital en mis anteojos? Y, entonces?!?!? Por qué hacés eso?!?!?! Todo el mundo hablando de que andás con la lengua afuera. Pero vos no pensás nunca en tu familia?... no me des vuelta la cara... mirame cuando te hablo... MIRAME TE DIGOOO!!.
Y la miraba. Se habrá bañado todos los días pero ni una ceja parecida a las de Marie Laforet en su limpio rostro. Ni un poro semejante a los de las mejillas de Francoise Hardy. Allí todo era mamá. Argentina, lustrosa, sin deudas y sin lengua. Al menos yo nunca se la vi. Cuando se enojaba, hablaba como ventrilocua. Como si se hubiese tragado a sí misma de la rabia. Por eso, yo no la miraba. Buscaba quién la movía desde atrás, quien le metía la mano en las entrañas y la retorcía. ¿Era ella el muñeco? ¿Era el ventrilocuo?. Y si después fue el huevo, ¿quién puso a la gallina?
-Ya mismo te vas a buscar algo... un curso de lo que sea.... pero salí de mi vista ya.
-Pero si vos me dijiste que te mire....
-Todavía no sabés limpiarte el culo y me contestás?!?!?!?! Fuera, mocosa de mierda!
La mocosa de mierda iba derecho al gallinero a pensar sobre los pasos a seguir. Es decir, los pasos de María.
-Mary. Mi mamá dice que ella se baña todos los días... y yo no puedo seguir así...
-Sucia...
-No, francesa...
-Ah! Por lo de la lengua.... Entrala y listo!
Y la entré. Renuncié para siempre al café de la paix, a los tejados de París, a Laforet y compañía. Jamás volví a afrancesarme. Y tanto mis sueños como mi lengua entraron en un cono sudamericano de sombra.
Nunca más perdí saliva. Y aunque aún no fui a París, aprendí a limpiarme el culo.
(1) NOTA DE LA ABUELA
La Bastarda, de Violette Leduc...! Cuántos recuerdos! Irene, mi prima, me lo prestó. Ella jamás lo leyó. Siempre sospeché que no sabía leer. Sí escribir porque me dejaba notitas cuando me visitaba y yo no le abría. Sin embargo, la quería mucho. Para ella La Bastarda era la letra inclinada y nunca se dio cuenta de que yo era una bastardilla!

Mi nombre es Marta Drooker. Y nunca miro de frente. Lo mejor pasa por los costados y no quiero perdérmelo. Durante buena parte de mi vida sólo comí papas fritas y helado y no me morí. Escucho voces y veo cosas extrañas. Salvo cuando estoy sola. Nunca me despierto a la misma hora ni en el mismo día. Y trato, en lo posible, de no decir la verdad. Este planeta me cansa por lo que trato de dormir en todo momento. Tengo problemas con los humanos. Ninguno con las vacas. Por eso no me las como. Y, si bien, adoro a mi abuela, a veces la mataría. Tengo un blog para acordarme de que todavía sigo aquí. Aunque no parezca.







