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La Coctelera

3 Julio 2009

Hasta una edad más que alarmante, yo me babeaba. Un asco. Como con mamá teníamos un contacto protocolar, nunca advirtió claramente las andanzas de mi lengua.

 -Soy francesa. Es por eso.

 -Pero, Marti, si naciste en Santa Fe.

 -Y bueno, María, Santa Fe es un pueblo cerca de Versalles.

 -Ah! Yo creía que quedaba en Africa, donde vive Elsa, la leona de dos mundos.

 -Ay, María, Santa Fe queda en el país de las sombras largas.

 -Negra, nací en Francia y eso queda al este del paraíso.

 -Ah! Donde vive La Bastarda... (1)

 Las charlas geográficas con María y la negra denotaban que lo que sabíamos de geopolìtica lo deducíamos leyendo los lomos de los libros de moda que inflaban la biblioteca familiar.

 -Dice mi mamá que le va a decir a la tuya que te lleve al médico urgente porque estás perdiendo saliva... yo que vos me escapo.

 -Sí, tiene razón la negra.... Andate a Santa Fe.... Nadie te va a buscar en Francia.

 -Ni pienso. Las francesas saludamos con la lengua...le guste o no a mi mamá.

 Juliette Greco, Francoise Hardy, Marie Laforet, Jane Birkin podrían haber sido mis madres. Pero prefirieron ser afiches. La de carne, hueso y fanática del brócoli no se parecía a ninguna de ellas. Ni era francesa.

 -Decime, asquerosa, por qué te andás babeando?

 -Yo no me babeo.

 -Hija, estás muy al pedo. O te buscás una actividad extra fuera del colegio o te buscás otra casa.

 -Pero, má...

 -Y basta de chanchadas, habrase visto, por dios, qué vergüenza! QUÉ VERGUENZAAA! Y qué asco, mocosa asquerosa!!! A quién saliste! A quién! Alguna vez viste que no me bañara? Alguna vez me viste comer con la boca llena? Me atraso con los impuestos? No tengo al día las cuotas de la rifa del Club? Viste alguna vez una huella digital en mis anteojos? Y, entonces?!?!? Por qué hacés eso?!?!?! Todo el mundo hablando de que andás con la lengua afuera. Pero vos no pensás nunca en tu familia?... no me des vuelta la cara... mirame cuando te hablo... MIRAME TE DIGOOO!!.

 Y la miraba. Se habrá bañado todos los días pero ni una ceja parecida a las de Marie Laforet en su limpio rostro. Ni un poro semejante a los de las mejillas de Francoise Hardy. Allí todo era mamá. Argentina, lustrosa, sin deudas y sin lengua. Al menos yo nunca se la vi. Cuando se enojaba, hablaba como ventrilocua. Como si se hubiese tragado a sí misma de la rabia. Por eso, yo no la miraba. Buscaba quién la movía desde atrás, quien le metía la mano en las entrañas y la retorcía. ¿Era ella el muñeco? ¿Era el ventrilocuo?. Y si después fue el huevo, ¿quién puso a la gallina?

 -Ya mismo te vas a buscar algo... un curso de lo que sea.... pero salí de mi vista ya.

 -Pero si vos me dijiste que te mire....

 -Todavía no sabés limpiarte el culo y me contestás?!?!?!?! Fuera, mocosa de mierda!

 La mocosa de mierda iba derecho al gallinero a pensar sobre los pasos a seguir. Es decir, los pasos de María.

 -Mary. Mi mamá dice que ella se baña todos los días... y yo no puedo seguir así...

 -Sucia...

 -No, francesa...

 -Ah! Por lo de la lengua.... Entrala y listo!

 Y la entré. Renuncié para siempre al café de la paix, a los tejados de París, a Laforet y compañía. Jamás volví a afrancesarme. Y tanto mis sueños como mi lengua entraron en un cono sudamericano de sombra.

Nunca más perdí saliva. Y aunque aún no fui a París,  aprendí a limpiarme el culo.

 

(1) NOTA DE LA ABUELA

La Bastarda, de Violette Leduc...! Cuántos recuerdos! Irene, mi prima, me lo prestó. Ella jamás lo leyó. Siempre sospeché que no sabía leer. Sí escribir porque me dejaba notitas cuando me visitaba y yo no le abría. Sin embargo, la quería mucho. Para ella La Bastarda era la letra inclinada y nunca se dio cuenta de que yo era una bastardilla!

 

 

 

 

 

 

 

 

29 Junio 2009

 -A mi hijo lo concebí en el Machu Pichu... por eso el niño es índigo....mire... justo ahí... en ese recodo del camino.. ¡todo fue tan vertiginoso...!

El supuesto índigo andaba tirándole piedras a todo lo que se movía y tenía el rostro típico de la gente concebida en los recodos y a las apuradas. Ni vestigios del Camino del Inca en sus facciones.

Entré a esa agencia de Guías Turísticos de Lima, Perú,  el mismo día en que arribé de la Península de Yucatán. Si bien el mundo maya me había expulsado, me dio una tarjeta de recomendación para el mundo inca. En tanto, se inauguraba un restaurante en la esquina y en el piso de arriba de la agencia se mudaba una mujer con el rostro triste y  un papagayo con moño verde manzana. El dueño de la agencia se acababa de ahogar con un "calentao"  y su secretaria le echaba aire como mariposa. Mientras todo eso sucedía, los vientos alicios soplaron y me despeinaron el flequillo hacia el suroeste. Era una buena señal.

 - Se te paró el flequillo, corazón.

La que rompió el encanto fue una turista de Capilla del Monte, Córdoba, Argentina, quien sería mi primer trabajo como guía en el Machu Pichu.

Mi memoria fotográfica recordaba las imágenes de los folletos turísticos que me regalaba mi vecina, la azafata. Con los epigrafes de las fotos y cierta oratoria, hablaba con tanta propiedad que, enseguida, tuve una fama de copetín entre turistas, hotelería limeña y agencias de viaje.

Cuando otros guías o monitores turísticos preguntaban por mis fuentes, citaba libros que jamás había leído y carreras que nunca había cursado.

Cualquiera que puede  leer entre líneas como los paranoicos o los mitómanos, se da cuenta de que un buen folleto turístico tiene a veces más rigor científico que muchos libros (1).

Por ejemplo, sobre el Camino del Inca, yo contaba con folletería de tal calidad que jamás nadie pudo darme algún dato que no supiese. Y nunca había estado allí.

Hasta aquel día. Lástima que ese encuentro entre el lugar sagrado y la idea que del mismo había en mi corazón fue empañada por un apareamiento. O por el relato de uno. Y por un índigo adulterado y recontra pelotudo.

 

NOTA DE LA ABUELA

(1) Conozco el caso de un farmacéutico que jamás fue a la universidad y que toda su lectura científica eran los prospectos de los medicamentos. Los tenía encuadernados como libros, por especialidad. No había médico que no lo consultara.

22 Junio 2009

Entera. Con hueso y todo. Tipo víbora de El Principito. Hasta tengo la forma de esa persona. Pero como es muy parecida a mí, ni se nota. Sólo yo lo sé. Para los demás, soy la hija del medio de los Drooker, la que no come carne de vaca ni de pollo ni de pescado ni de hamster ni de mosquito. Ni la más mínima carnecita. Pero me he mandado un ser humano al buche. Aunque nadie lo sabe.

 - Hija, ya es hora de que bajes del auto. Son las cuatro de la madrugada.

 El ignora todo de mí. Ignora, además, todo lo que está pasando por mi aparato digestivo. Por eso aún me quiere. Porque no sabe lo que me acabo de comer.

 - Querida, fue un accidente. Estas cosas pasan... vení, vamos a dormir...

 Yo lo quiero por todo lo que no sabe. No sabe que me tomo el jarabe para la tos directamente del frasco. No sabe que pellizco a los bebés que me caen mal y que con mi perro Narciso corrimos a la nieta de la vieja Medina para aniquilarla pero se escondió detrás de la falda de su abuela. No sabe que tomo whisky importado con mis amigas desde los ocho años y que tengo un plan ajustado al detalle para exterminar a su mujer. (1)

 Ese día, a las 7 de la mañana mis hermanas y yo nos subimos al coche de papá para ir al colegio. Maldonado, mi hamster, se alineó a la rueda derecha del coche y poco de él pude reconocer en esa papilla adherida a la goodyear. No pude bajarme y creo que nunca me bajé de aquel coche.

- Mañana te compro otro...

 Ese fue el día en que me comí a papá.

 

NOTA DE LA ABUELA

(1) ¿Y QUÉ ES LO QUE FALLÓ?

 

 

3 Junio 2009

Una vez gané una beca y me fui a la Universidad de Baja California, México. Al menos eso dije en casa. La verdad es que apenas cumplí los 18 años, con lo expropiado y robado a mis padres durante quince años saqué el pasaporte y un boleto con destino a la península de Yucatán.

Mi embaucador encanto hiptonizó al gerente del hotel ya que inmediatamente me contrató para atender a los huéspedes. O quizás fue que su guía tenía un terrible ataque de hígado. Y yo estaba ahí, a mano y al pedo, como siempre. A los dos días de mi llegada a México ya tenía trabajo. Y sin buscarlo.

-Los españoles de la 279 te esperan a las 10 hs. en la cafetería.

Eran catalanes. Un matrimonio adorable que entre los dos sumaban 178 años y ningún interés por hablar en español. Catalán, solamente. Se regían por el tzolquin. Y durante toda su estadía yo fui semilla lunar amarilla, según el calendario maya. Fue lo único en español salido de sus bocas. Su consigna era llegar vivos al 2012 para ver cómo todo desaparecería. Es decir, cómo este mundo daría paso a otro, según el designio maya. La tierra volvería sobre su eje y adiós sentido de la vida. Al menos, en el sentido de las agujas del reloj.

De pronto, se me nubló la vista y vi mi vida girando en sentido inverso, alrededor de mi cabeza. En pedacitos. Vi a mamá con el delantal de cocina flameando como un banderín, aferrada a la puerta de pinotea de casa. Vi pasar también de derecha a izquierda al resto de mi familia, a mis amigas, a mi perro Narciso, a todo el barrio. Como una tomografía computada, cada detalle de mi infancia era escaneado por el vaticinio maya del 2012. Y, de pronto, como un módulo de rescate, el gallinero apareció pero de izquierda a derecha, violando las leyes físicas del cambio de rotación, intentando volverme al eje. Y todo explotó.

-Semilla Lunar Amarilla, despierta!... Semilla Lun....

Tanto giro invertido me había mareado. Desmayarse en la península de Yucatán no es lo mismo que desmayarse en Manhattan. Manhattan está lejos del 2012. Yucatán ES el 2012. Se respira en sentido contrario a las agujas del reloj.

-Ay... ya pasó el 2012?

-No, Semilla Lunar Amarilla... aún nos falta conocer un cenote.

Ante mi muerte de segundos, los catalanes decidieron hablarme en español.

Al ver desvanecida a la semilla, otros turistas se acercaron.

“Murió?” preguntaron y reconocí el acento de mis connacionales. Me eyecté del suelo y mirándolos directo a los ojos les dije, imperial. “Tengo la enfermedad de Meniere”.

Todos, catalanes y la familia tipo argentina me miraron sin entender. Los catalanes, por el idioma. Los argentinos, por desconfiados.

Finalmente, los llevé a todos a conocer los cenotes.

-Ay... ¡qué loco! Yo creí que eran animalitos...! y, mirá, es una vertiente, che! Como la que hay en casa, allá en Córdoba...al final, viejo, tanto viaje, tanto dólar para ver lo que tengo en el fondo del jardín. (1)

Con gusto hubiera hecho la reapertura de un cenote, inaugurándolo con cuatro sacrificios argentinos. Y que fueran tragados por esa maravillosa garganta natural. ¿Con qué se confundieron? ¿Ocelotes? ¿Cachalotes?

Aquella familia tipo se llevó a Argentina la respuesta. Y algo más: mi falta de paciencia y mi despido.

Chau, Yucatán. Semilla Lunar Amarilla se despidió del imperio maya dando un portazo al 2012 y partió hacia su casa en busca de su nombre gregoriano y su contemporaneidad.

NOTA DE LA ABUELA

(1) Esta gente nació confundida. Por eso viajan. Para tomar distancia de sí mismos

1 Junio 2009

-Mirá... mirá lo que dice este... cómo se llama… eh… a ver… Marechal.... eso… Marechal… Marechal Leopardo… no, no... Leopoldo… o boldo… mmm parece pardo...bah…como se llame… dice que “Junto con el nombre te dan un destino” (¿)… adónde?. (1).

-Boludeces... yo no le lavo los pies a la gente y me llamo Marta.

-Pse... la de la Biblia... pero no se los lavó a cualquiera... fue a Jesús...

-Sí, pero Jesús hay uno solo y ya vino... y no creo que vuelva con todo lo que le hicieron.

-Vas a tener que hacerte judía... ellos todavía lo están esperando.

-Ni loca me hago la circuncisión.

Y seguimos leyendo el horóscopo con convicción de ignorantes. De cómo Marechal llegó a un libro de Astrología de verano es otro de los grandes enigmas que atesoraba el kiosco de revistas de mi barrio. Mi amiga del alma María y yo teníamos aproximaciones al mundo religioso. Más bien, alejamientos. Aburridas, cambiábamos nuestra conversación judeo cristiana por los astros, una y otra vez, pisoteando la historia del pensamiento de iva y de vuelta.

- “Sagitario: En la pareja: discusiones. En los negocios: se concreta lo que usted tanto esperó. Salud: cuidado con el apéndice.”

-No tengo pareja, ni negocios y me saqué el apéndice hace un año.

-Es como si no existieras…

-Msé… escuchá esto: “Capricornio: Salud: una antigua operación le trae complicaciones…” Vés? A mí el apéndice me molesta como si lo tuviera… yo debo ser de Capricornio.

-Escuchá lo que dice del mío…”Acuario: Familia: Deje que sus hijos resuelvan los problemas por sí mismos. Trabajo: no discuta con su jefe” …. Yo también debo ser de Capricornio, Martu…

María y yo habíamos nacido bajo dos signos que no nos representaban. Es por eso que desde ese día yo empecé a decir que era de Capricornio. Aunque nadie me lo preguntara. En general, nadie me preguntaba nada. No teníamos destino en el nombre, tal como pensaba Marechal y tampoco en el horóscopo, tal como pensaba Horangel. Nos quedó en claro que tendríamos que buscarlo sin ayuda, que no éramos personas predestinadas, y que no figurábamos en los planes del mundo. Al menos, de éste.

-Martaaaaa....! haceme el favor de traerme el libro de Horangeeeeeel y dejámelo en la mesa de luuuuuz!... pero YAAAAAA, si no querés que te traiga de los pelos….

El teclado de mamá se estaba deteriorando más y más. La e y la u se agregaban a la a con gran entusiasmo vocal.

Como su voz partió la siesta en dos, quedamos María, el libro y yo, expuestos como una fractura. Y si bien no era lo que anhelábamos, la mesa de luz de mamá, al menos, nos dio un destino.

NOTA DE LA ABUELA

(1) Eso es relativo. Mi hermana se llama Diana y no anda despertando gente al alba.

19 Mayo 2009

 

-Vos seguí así! Seguí así y te quedás sin viaje de estudios.

La frase tenía el rigor de todas las frases de mamá. Rigor mortis.

Pero "seguí así" y no fui al viaje de estudios.

Me pasé el verano preparando Matemáticas con una profesora particular, preconciliar y ajena a la guerra de guerrillas. La mujer vivía al final de lo conocido, en un lugar poco razonable, allí donde se terminan las vías y ya no se puede huir. En un permanente aquí. Vivía sin salida, rodeada de una niebla con la densidad del poliéster.

Todos los días de aquel largo y cálido enero, tomaba el tren de las ocho rumbo a las antípodas y regresaba en el de las once. A esa hora, siempre viajaba conmigo una mujer con un rostro plagado de hipotecas, moratorias y juegos de azar. En cada ocasión, ella comía una manzana sin preocuparse por Fidel o Las Salinas. Y yo la observaba pensando en Cuba, en mamá, y en la distancia entre ambas.

 - ¿Una manzana?

- ¿Eh?

- Te pregunto si querés una manzana, estás pálida.

Acepto la manzana. La muerdo. Me estoy comiendo la revolución, pienso. Peor. Me estoy comiendo a un obrero. (1)

En ese preciso instante y como estamos pasando por una zona rural, un comando del ERP detiene el tren y nos hablan de la reforma agraria. Un grupo parapolicial se enfrenta a tiros con los del ERP apenas éstos bajan. Cuando retomamos la marcha, continuamos comiendo nuestras manzanas hasta llegar a mi estación.

Me bajo. Saludo a la mujer que continúa su viaje sin mirarme. Y veo a mi silueta irse con ella en el reflejo de la ventanilla.

Y me quedo justo ahí, como todos los días, en el preciso lugar donde comienza la ciudad y el camino a casa.  Esperando la revolución. O una manzana.

 

NOTA DE LA ABUELA

(1) Pobrecita! Por mucho tiempo la perturbó aquel obrericidio. A ver, maestras del mundo! ¿Podrían dejar de usar  manzanas como ejemplos didácticos, mecachendié?

13 Mayo 2009

- A ver, chiquita Drooker, usted, sí, sí, usted…!!! Atiéndame! Aterrice de una buena vez, caramba!

Mi maestra era igual a mamá. Le tenía miedo a las alturas. Sólo las separaba una cuestión semántica. Mamá me tuteaba y terminaba las frases con un carajo. La maestra, académica, cerraba con un caramba y la lejanía de un usted.

-Dígame, entonces, si tengo veinte manzanas y hay tres obreros explotados en Las Salinas, ¿cómo hago para que a cada uno le toque la misma cantidad de manzanas sin partir ninguna?

Los años setenta en Argentina eran años de militancia. En aquella época no se robaba a una compañera de banco los lápices de colores, se le expropiaban. Y hasta los corpiños venían armados. (1)

- No sé, profe.

- Hago una revolución, querida, hago una revolución! En una revolución jamás tendríamos este tipo de problemas.

Se comentaba que la teoría de conjuntos era revolucionaria y todo era militancia. Al elegir una película, al leer un libro, al escuchar música, lo hacíamos “hasta la victoria, siempre” o nada.

Las pasiones eran encontradas. Mientras las autoridades del colegio amaban a Fulgencio Batista, los maestros idolatraban al “Che” y los padres, a la obra social. En tanto, nosotras intentábamos no comernos las manzanas. Ni a los obreros.

De aquella época me debe haber quedado la idea de que las manzanas no son de quien las compra sino de quien las muerde.

-Hija, ¿dónde están las manzanas que compré para hacer un pastel? Había seis, me quedan tres. ¿Me querés decir qué hago ahora?

-Andate a Cuba. Allá esos problemas no existen.

En mi pómulo izquierdo (no por nada eligió ése) quedó su opinión sobre la revolución. Era evidente que ella estaba por la propiedad privada.

 

NOTA DE LA ABUELA

(1) Su madre era tetona. Tenía un arsenal allí.

 

7 Mayo 2009

Antes de salir para el colegio, necesitaba subirme al paraíso que estaba junto al gallinero. Esa imagen me daba fuerzas para soportar una jornada mortal. Como todas las jornadas. Moriture te salutant.

En eso estaba, esperando el grito de mamá "Apurate, mierda,. Ya está tu padre en el auto!", cuando sentí un gemido.

-Así... así... no pares... no pares...

Venían desde la casa de Angie, nuestra vecina azafata. ¿Estaría haciendo mayonesa con una amiga?. En casa, cuando hacíamos mayonesa casera, mamá nos hacía batir al grito de "No paren. No paren, carajo... así... así".

Pero en la voz de Angie había una pasión diferente a la del grito de mamá. Con la primera, yo sentía cosquillas. Con la segunda, pérdida de masa encefálica.

Tenía aún un par de minutos. Subí al paraíso y me asomé. En el cuarto de Angie había una ventana por la que entraba el sol a la mañana. Y mi  mirada a toda hora. Toda yo era esa mirada. No sólo la comida entra por los ojos. La azafata era un plato de alta cocina. Ya la había visto desnuda tomando sol varias veces. Con un cuerpo así no habría que ponerse ropa nunca, nunca.

Un hombre mayor que podía ser mi abuelo, o el abuelo de cualquiera, estaba sobre ella, vigoroso y trabajador. Mi mirada fue demasiado fuerte y Angie me sorprendió. Fue un diálogo de miradas. Entre ellas se entendieron muy bien. Yo estaba impresionada no por la cópula inquieta, hecho que aún no alcanzaba  a descifrar del todo, sino por su mirada de está todo bien... ahora andá al colegio, ¿guardamos este secreto de amigas?, gracias por avisarme, no haré más ruido.(1) y otras cosas maravillosas. No sé si sus ojos  quisieron decirme tantas cosas pero hasta ese día fue la única mirada del mundo exterior que advirtió mi presencia sin que le molestara demasiado.

Y me fui al colegio transformada. Ahora sabía otra fórmula para hacer mayonesa.

 

NOTA DE LA ABUELA

(1) Demasiado parlanchina para mi gusto.

Sobre diario de una mitomana

Mi nombre es Marta Drooker. Y nunca miro de frente. Lo mejor pasa por los costados y no quiero perdérmelo. Durante buena parte de mi vida sólo comí papas fritas y helado y no me morí. Escucho voces y veo cosas extrañas. Salvo cuando estoy sola. Nunca me despierto a la misma hora ni en el mismo día. Y trato, en lo posible, de no decir la verdad. Este planeta me cansa por lo que trato de dormir en todo momento. Tengo problemas con los humanos. Ninguno con las vacas. Por eso no me las como. Y, si bien, adoro a mi abuela, a veces la mataría. Tengo un blog para acordarme de que todavía sigo aquí. Aunque no parezca. Free counter and web stats diario de una mitomana THE BOBs Unión de Bloggers Hispanos Blogalaxia casinos online The House Of Blogs, directorio de blogs Directorio de blogs